5/25/2015

La hipersexualización y objetivación de la mujer.




Nota inicial: la intención de esta entrada no es alarmar, ni siquiera moralizar a nadie. La única intención es crear conciencia y notar lo que ocurre en los medios de comunicación, el impacto de los mensajes de contenido sexual en nosotros mismos y en nuestros hijos y, si acaso, reconocer el rol que como padres podemos tener en la autoimagen y sexualización de nuestros hijos.


Me parece que la mayoría de nosotros podemos notar que en los diferentes medios de comunicación y publicidad se observa una hipersexualización y objetivación del cuerpo, principalmente de la mujer, pero también del varón. Este fenómeno se da al resaltar los atributos sexuales, a través de accesorios, poses, gestos que incitan o condicionan una percepción y connotación del cuerpo como un instrumento u "objeto" para el placer sexual y al mismo tiempo disminuyen el respeto a la dignidad del sujeto, es decir, de la persona. 




Esta situación se ha observado en torno a las mujeres desde hace ya varias décadas, pero el motivo por el cual escribo este post es el hecho lamentable de que lo estamos viendo de forma cada vez más frecuente en adolescentes y niñas. Nos asustamos de la pedofilia, pero otras formas más sutiles de aumentar la vulnerabilidad de nuestros hijos pasan desapercibidas. Nos hemos concentrado en la obesidad, pero también los trastornos de conducta alimentaria van a la alza. ¿Qué hay detrás de todo esto?

Muy a pesar de que quisiera decir lo contrario, la realidad palpable es que NO podemos de manera directa controlar a los medios. No hablaré de política, pero basta con ver a nuestros "actores políticos" –que son más lo primero que lo segundo– para saber que en nuestro país los medios son una de las influencias más poderosas y esto pasa en todo el mundo. Sin embargo, hay algo que sí podemos hacer: crear conciencia. Invito a que reflexionemos en qué podemos hacer nosotros para no contribuir a la sexualización de nuestros niños, para fomentar en nuestras hijas una autoimagen y un autoconcepto saludables, una autoestima sólida, pero no inflada.

Decía que mi intención no es moralizar, sino reflexionar. No me  sorprende ver programas de TV en donde las niñas parecen miniadultas, pues estoy consciente que eso vende y los medios a eso se dedican, a vender imágenes, contenidos, ideas, productos, servicios, conductas. Lo que sí llama mi atención es el ver niñas en la calle, en los centros comerciales, o en cualquier lugar –niñas de la vida real, como digo yo– vestidas, maquilladas y expuestas como pequeñas mujeres, madres que lo festejan y hasta lo presumen. Ante esto no puedo evitar ponerme a pensar ¿de dónde viene esto, cómo es posible? 

Como en cada caso, seríamos muy superficiales si atribuímos este fenómento únicamente a la influencia de los medios o a la presión social de los pares. Tristemente, detrás de estas niñas hay padres que lo permiten y a veces lo favorecen. Aunque sorprenda, o suene ridículo, hay madres que efectivamente buscan resaltar la belleza de sus hijas, que sean admiradas por tal atributo, que al crecer se casen con "buenos partidos" y que vivan felices para siempre. Algo así como las princesas de Disney. Sin embargo, mi optimismo me hace cuestionar si estos padres lo hacen de manera consciente y casi me atrevo a afirmar que no, al menos no completamente. Vayamos más a fondo.

Los seres humanos somos sexuales y la sexualidad es una importante energía y fuerza psicológica. Los mensajes de la cultura y la sociedad se internalizan. La asociación de un cuerpo sexual con belleza, aceptación, éxito y admiración son claros. Esto es lo que los medios utilizan para vender. Son estos mensajes los mismos que se encuentran detrás de la industria de la moda, la cosmetología, la estética, el ejercicio y la pérdida de peso y hasta de la "salud". ¿Cuántos libros de dietas conoces? ¿Cuántos productos se anuncian para que "luzcamos mejor"? Prácticamente todos estos servicios y productos se anuncian utilizando imágenes de cuerpos desnudos o semidesnudos, delgados, atléticos y muy sonrientes. La felicidad viene envasada en estos rostros. Imágenes que frecuentemente tienen la ayuda del photoshop o cualquier otro editor de imágen: torsos súper estilizados que sostienen senos voluminosos, o grandes glúteos que dan origen a piernas demasiado delgadas. 

Hemos internalizado la asociación de belleza con un cuerpo estético, delgado y altamente sexual, al punto de llegar a la distorsión de la autoimagen y a la insastisfacción de nuestra persona. Esta es la historia detrás de los repetidos intentos por estar a dieta y las múltiples cirugías estéticas. ¿Qué está detrás de una mente que no se siente satisfecha con su cuerpo? ¿Quién nos hizo creer que seremos felices para siempre una vez que seamos guapas, delgadas, rubias, o tengamos las piernas y los dientes perfectos?  

Mi personal punto de vista es que el cuerpo es una obra perfecta y efectivamente un cuerpo sano es hermoso, no sólo por su estética sino sobre todo por su función. Sin embargo, no creo que el amor hacia nuestro cuerpo deba de estar condicionado a nuestra apariencia, peso o talla. 

Creo que el amor hacia nuestra persona, como sujeto y no como objeto debería de ser la principal motivación para cuidar nuestro cuerpo y nuestra salud. En lugar de someterlo a dietas, medicamentos (a veces peligrosos), mutilaciones, para que entonces nos guste, pienso que deberíamos de empezar al revés. ¿Y si te atrevieras a querer tu cuerpo ahora mismo, tal cómo es? ¿Y si porque te amas mucho te procurases alimentarte sanamente y movilizar tu cuerpo que te permite ir, venir, subir y bajar? ¿Y si reconocieras lo que esa maravillosa maquinaria hace a cada minuto para mantenerte viva?

Quiero aclarar mi postura. Yo misma soy admiradora de los cuerpos sanos, pero sano no necesariamente significa el cuerpo de la modelo o la gimnasta olímpica. Debemos contemplar nuestra realidad y adaptar a ella nuestras expectativas. Si no me equivoco, la mayoría de nosotros ni somos atletas de profesión, ni tenemos el tiempo o las condiciones para ejercitarnos lo necesario para lucir como modelos. Pero de ninguna manera es criticable el ahínco con el que las  personas que gustan de estar en forma –y cuya realidad se los permite– ejercitan sus cuerpos y cuidan su forma de alimentarse; al contrario, eso es algo que yo admiro y respeto. Pienso que la salud mental se reflejará en el cuerpo siempre que exista un genuino respeto por sí mismo y un amor auténtico que genere el autocuidado. 

También estoy convencida de que si detrás del impulso a ejercitarse, a comer restrictivamente o a modificarse la anatomía lo que está es una mente obsesionada por lucir de tal o cual manera, para cumplir estándares externos de belleza, el "ser felices para siempre" una vez llegada la meta será algo difícil de mantener si es que se consigue. Si lo que en el fondo yace es un alma que sufre inseguridades y pobre autoestima, incapaz de aceptarse y de reconocerse todo el valor que tiene, los vacíos no serán cubiertos con centímetros más o kilos menos.  Tenemos dentro de nosotros lo necesario para ser felices, la clave está en poder verlo, apreciarnos y cuidarnos.

En cuanto nuestras hijas, creo que no debemos confundir femeneidad con hipersexualización. Biológicamente, si todo está en orden, se dará un despertar de la sensualidad y la sexualidad de nuestras hijas. Si esto es así ¿cuál es la necesidad de adelantarlo?

Estoy convencida de que como padres y madres debemos estar más conscientes, atentos e incluso alertas. Difícilmente esta tendencia vaya a cambiar y nuestras hijas están siendo objeto de abuso y violencia en los medios, en las redes sociales y desafortunadamente en su persona. No nos asustemos de las consecuencias de adelantarles o permitirles un despertar anticipado. Mejor, despertemos nosotros y cuidémoslas. Seamos padres conscientes, presentes y amorosos. Acompañémos a nuestros hijos en cada una de sus etapas. Nadie hará esto por nosotros. 

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