2/17/2015

¿Por qué tratar la emocionalidad detrás del soprepeso?



Reflexionando en la mejor manera de transmitir la inquietud que mueve mi práctica profesional y proyecto de investigación, decidí escribir este artículo, cuya intención es la de transmitirle al lector una pregunta central, que todo aquél que busque relacionarse mejor con su comida, así como todo aquél que se dedique a trabajar con pacientes que quieren alimentarse más sanamente deberían hacerse:
 ¿Por qué es importante atender la emocionalidad que se esconde detrás del soprepeso? 

A mi ver, la respuesta sencilla es: porque ningún alimento, o grupo de alimentos por si mismos, sin importar  distribución, cantidad, peso o conformación bioquímica, pueden esclarecer y evidenciar las razones que llevan a la persona a alimentarse de la manera cómo lo hace y por lo tanto no sirven para enseñarle una alternativa diferente para aproximarse a la comida. Ningún menú, sin importar el adecuado balence calórico o nutricional con el que se diseñe, permitirá al paciente entender el/los impulso(s) que lo llevan a comer poco, mucho, bien, mal y a mantener o abandonar su tratamiento nutricional. 

Nuestra forma de comer es sólo una más de las relaciones que establecemos a lo largo de nuestra vida. La comida se vuelve refugio, amigo, enemigo, cómplice y culpable de lo que "nos acontece". El acto alimentario se convierte sólo en la tarima en donde cobran vida, se desenvuelven y mueren o se perpetúan las emociones y pensamientos del individuo, que es a un mismo tiempo espectador y protagonista. El comer emocional es muchas veces inconsciente, dando señales de vida sólo cuando ha pasado el acto y el recuerdo del mismo se tiñe de arrepentimiento y culpa. Los números de la báscula, la talla o la cinta métrica cobran significado de referentes recordatorios de eso que hacemos y contra lo que luchamos. Y así, en un ciclo sin fin, se va trenzando la historia de intento tras intento, dieta tras dieta, comelitona tras comelitona y culpa tras culpa.

Ayudar al paciente a, primero que nada, entender y aceptar su naturaleza humana  le permitirá recordar que nada de lo que hace le demerita su valor. Que las capacidades para cuidarse en lo físico y en lo mental son aprendibles y desarrollables y que si nacen de un profundo amor y respeto hacia sí mismo, seguramente estará en facultad de elegir una vida más saludable. Ayudarlo/a a cambiar el auto-juicio por auto-aceptación y a permitirse ver con los ojos de la realidad y no de la historia, le pondrán en una nueva dimensión de esperanza y fe en si mismo/a. Estas son las herramientas necesarias para el autocuidado y la motivación para seguir adelante, a pesar de las dificultades de la vida que le pueden llevar a creerse que es mejor aliarse a la comida, ya sea para premio o castigo de si mismo. Y estas herramientas no las da ningún menú. 

Esta aproximación a la vida se puede conseguir de muchas y diferentes maneras que comparten la voluntad de ver la vida de la manera más clara posible, conociendo que como humanos es fácil quedarnos en la percepción, pensamiento y emoción como filtros que tiñen la realidad de diferentes colores. Aun así, el trabajo de quitarnos los lentes que nos hemos puesto desde la infancia, no es uno fácil y conlleva compromiso, voluntad y valentía para ir desempolvando las micas, aún cuando eso implique esculcar rincones olvidados y a veces ocultos. 

La atención plena y la autocompasión son dos grandes herramientas y formas de vida que nos ayudan a ver con mayor claridad y que además nos proveen del sustento emocional para hacer frente a la vida acelerada, materialista y muchas veces vacía en la que podemos caer sin darnos cuenta. Ese sustento nace de una serie de premisas que nos hacen recordar que muchas veces las cosas no son como parecen. Que si nos permitimos un tiempo para practicar el parar y observar atentamente lo que realmente sucede, aquí y ahora y el alimentar la intención de ser amorosos y bondadosos con nosotros mismos y con los demás, seguramente estaremos más cerca de las realidades de nuestras vidas y por lo tanto, de las rutas alternativas para salir del sufrimiento. Será entonces y sólo entonces que podremos elegir un mejor alimento, no sólo para el cuerpo, sino para la mente y el alma.



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