1/18/2015

Individuos... Cuerpo, Mente y Espíritu.


Las personas somos llamadas también individuos, término que etimológicamente proviene de la palabra indiviso, que significa que no se puede dividir. Y teóricamente lo que no se puede fragmentar es nuestra naturaleza humana, constituida por un cuerpo, una mente y un alma o espíritu. Sin embargo,  muchos de nosotros no somos plenamente conscientes de esta interrelación, incluso vemos nuestro cuerpo como un ente completamente separado de nuestra mente y emoción.

Así como los engranes de un reloj, las tres esferas de nuestro ser están interrelacionadas, de manera que el buen funcionamiento de una facilita el de las demás y, a la inversa, si uno de los "engranes" se atasca, la maquinaria deja de funcionar óptimamente. De esta manera, si nuestro cuerpo físico sufre, naturalmente pueden surgir pensamientos y emociones que alimentan nuestra aflicción física. Pensemos por ejemplo en una situación de enfermedad y recordemos como se pone nuestro ánimo. Lo mismo ocurre cuando son nuestras ideas y nuestros sentimientos los que están alterados. Tomemos el ejemplo del estrés y todo lo que impacta nuestra salud física. En resumen, lo que sentimos, genera pensamientos, ideas y  decisiones que se traducen en conductas y acciones, las cuales nos afectan en el plano físico.

En la actualidad, la gran mayoría de las personas vivimos el día a día en un constante acelere, yendo de una actividad a otra sin darnos cuenta de las transiciones que hacemos. En este ritmo acelerado, muchas de nuestras acciones y decisiones son guiadas por conseguir objetivos materiales: comprar un auto o una casa, conseguir un mayor ingreso, escalar de puesto en el trabajo. Buscamos que nuestros hijos tengan diferentes actividades extra-académicas, con la idea de que aumenten su preparación y sus chances de ser o vivir "mejor". Desde pequeños los enseñamos a competir y a creer en la autoexigencia como medida de asegurarse éxito en la vida. El resultado de vivir así es que las horas pasan y los días no alcanzan y terminamos yéndonos a dormir –si lo conseguirmos– por las noches, exhaustos y con la sensación de no haber logrado hacer todo lo que habíamos planeado. Llevamos al plano de los sueños los pendientes del siguiente día. Así,  es probable que iniciemos la nueva mañana en números negativos y con una carga emocional en contra.

Guiados por la necesidad de obtener recursos materiales para esta mejor vida, depositamos la idea de la felicidad en la consecución de determinadas cosas o situaciones. Puede ser que nos sintamos satisfechos con la vida que tenemos, pero creamos que será aún mejor cuando logremos todos nuestros propósitos. Y en ese continuo deseo de mejorar, conseguir y lograr en el futuro, dejamos ir la vida que sucede frente a nosotros, la que está ocurriendo justo aquí y ahora, en el momento presente.


Entendiendo la felicidad como un estado mental, no es posible conseguirla fuera de nosotros. Por ese motivo, hay gente que teniendo todas las cosas materiales que pueden desear, no se sienten felices; mientras que otras más desafortunadas en el plano económico, transpiran alegría con su simple presencia. Así mismo, hay personas realmente enfermas, con padecimientos crónicos, que son grandes maestras de vida, que atesoran cada instante y además contagian su esperanza. Y hay también quienes, teniendo salud, ven la vida tan negativamente que terminan por enfermarse. La felicidad es también un sentimiento. La dificultad para sentirla tiene que ver con las historias que nuestra mente elabora y que  terminamos por creernos. Ante la idea de que algo nos falta, de que no estamos completos o de que no somos lo suficientemente buenos o capaces,  el espíritu se intranquiliza. Buscamos afuera eso que nos completará y nos pondrá en la idealizada situación perfecta, en la que ¡por fin seremos felices! – o eso creemos.

El estrés, la ansiedad, la frustración, la tristeza y el aburrimiento son emociones no agradables. Una forma natural de reaccionar ante ellas es negarlas, evadirlas, ignorarlas. Intentamos distraer la mente y el corazón cuando sentimos aversión ante las situaciones y llevamos a cabo actos inconscientes, sin darnos cuenta que nos hagan sentir mejor. Reaccionamos a nuestras emociones sin percatarnos de ello, sin poner atención, sin observar lo que hacemos y mucho menos el cómo o el por qué lo hacemos. Así, recurrimos a cosas como comprar compulsivamente o comer inconscientemente.


Y cuando somos puestos frente a frente a las consecuencias de nuestros inconscientes actos, el resultado es la incomprensión de "nuestra mala fortuna", o bien la culpa y el remordimiento por no saber "controlar" nuestros actos. Terminamos en el primer caso sintiéndonos víctimas y en el segundo, siendo nuestros propios verdugos. Es precisamente esta manera de vivir en automático, de reaccionar inconsciente e impulsivamente la que favorece esta desconexión cuerpo-mente-emoción y favorece que hagamos cosas de las que después nos arrepentimos o que tengamos un sentimiento de vacío, de pérdida, de que algo falta.

Afortunadamente el antídoto está en nuestros sentidos y en la capacidad de prestar atención a lo que sucede en cada momento, justo aquí y ahora. A esta forma de atender lo que nos ocurre le llamamos Atención Plena o Plena Conciencia – Mindfulness. Es una práctica que inicia con la decisión y la voluntad de ver la cosas que ocurren tal y como son y de llevar la mirada al interior de nuestro ser, sin juzgarnos ni ser tan críticos con nosotros mismos, sino de ser autocompasivos y aceptarnos tal y cual somos.

Permitirnos observar así es el primer paso para vivir con conciencia y salir del piloto automático y acelerado que le pusimos a nuestras vidas y en el que muchos de nosotros vivimos sin poder saborear nuestra existencia. De la observación intencionada y sin juicios deriva la aceptación de lo que es, de lo que somos y de ahí la transformación y la liberación de lo que nos genera sufrimiento.
Para vivir con conciencia necesitamos regresar cada instante al momento presente, a nuestro propio cuerpo, con nuestros pensamientos y nuestras emociones, observando, aceptando, soltando el pasado y sin engacharnos tampoco al futuro, pues el único tiempo en el que realmente sucede la vida es ahora mismo, justo en este lugar.

Atrévete a experimentar y observa lo que está frente a ti y dentro de ti en este momento. Ahora cierra tus ojos, concentrate en tu respiración, percibe los sonidos, los aromas, las sensaciones de tu piel y de todo tu cuerpo. Observa como tu mente se va a otro lugar rápidamente. Si has notado esto, no la juzgues, sólo obsérvala y regrésala a tu respiración. Permítete unos minutos haciendo esto y después nota qué pasó en tu mente, en tu espíritu y en tu cuerpo. 

En Nutrintegra sabemos que -como individuos- somos cuerpo, mente y espíritu. Que para lograr lo que nos proponemos necesitamos alinear lo que pensamos y sentimos con lo que hacemos. Sabemos que detrás del deseo de cuidarnos y alimentarnos sanamente se libra una batalla en el corazón, en la que muchas veces gana la desesperanza y la falta de confianza en uno mismo. EN LA INMENSA MAYORIA DE LOS CASOS, las DIETAS NO FUNCIONAN PARA PERDER PESO Y MANTENERLO a largo plazo. Mientras no cambiemos nuestro enfoque hacia la comida, difícilmente lograremos cambiar la forma en cómo nos alimentamos. ATRÉVETE A CAMBIAR DE RAIZ. 

Si estás interesado en profundizar en este tema o en tomar alguno de nuestros talleres contáctanos Tel. (669)9852424 o escríbenos a:
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