1/13/2015

¿Estás seguro de que lo que piensas es?


 Nacemos con una psique (mente) casi, casi en blanco. Genéticamente preparada para recibir información y acomodarla en lo que será nuestra personalidad, la historia de nuestra vida, nuestra experiencia. Conforme vamos creciendo y desarrollándonos vamos construyendo una estructura de pensamientos e ideología que nos permite explicarnos y entender el mundo que nos rodea, que le da sentido a lo que sucede dentro y fuera de nosotros. En algún punto del camino, la mayoría de nosotros tiene una "idea clara" de quién es, lo que le gusta, lo que le desagrada, lo que persigue en la vida, lo que lo hace feliz e infeliz. Otros tantos, declaran seguir en la búsqueda de esa noción.

Sea lo que sea que pensemos de nosotros mismos y del medio en el que vivimos, una realidad innegable es que todo está en constante movimiento y cambio. Pasan las horas, los días, nuestro cuerpo cambia, la gente con la que nos relacionamos cambia, unos van, otros vienen, unos nacen, otros mueren. Y aún si nos resistimos, aún si lo negamos, nosotros mismos también cambiamos. Así que eso que nos "define" ahora, no necesariamente nos definirá mañana, aún si así lo deseamos.

Dicen los expertos que las palabras construyen nuestra realidad y yo concluyo que nosotros somos quienes la fabricamos a través de nuestras creencias, del concepto que tenemos de nosotros mismos y de nuestros juicios sobre todo lo demás. Vemos el mundo no cómo es, sino como nosotros queremos creer que es. Actuamos y muchas veces de manera inconsciente, reflejando lo que creemos como real. No consideramos que nuestros pensamientos, son sólo eso, ideas y construcciones de nuestra mente.

Si alguien nos pide que nos auto-definamos, muchos de nosotros iniciamos una narrativa para explicar quiénes somos, esa idea que tenemos de nosotros mismos. Las etiquetas que nos imponemos, con la intención de tener una identidad para mostrarle al mundo, nos limitan. Entonces vamos por la vida diciendo cosas como "yo soy enojona", "soy amiguera", "soy inteligente", "soy a todo dar", "soy flojo", "soy tragón", etc. etc. Y la realidad es que muy probablemente sí seamos mucho de lo que decimos. El punto es ¿por qué casarnos con una definición de nosotros mismos? Y sobre todo, ¿en dónde aprendimos que somos eso que decimos?

Igualmente, cuando nos invitan a explicar las circunstancias y los hechos del mundo, muchos somos capaces de apostar cualquier cosa para asegurar que lo que nosotros pensamos es la verdad y que el de enfrente no logra verla bien. Basta con ver una discusión entre dos personas sobre política, religión o deporte. ¡Vaya que las cosas se suben de temperatura!

¿Que tal que las cosas no son como pensamos? Tal vez ni son tan negativas, ni tan trágicas como creemos? ¿Que tal que las probabilidades de que las cosas pasen o no de tal manera, sean sólo eso, probabilidades y  nosotros seamos realmente capaces de ser dirigir nuestra vida? ¿Quién dijo que tenías que vivir de esa manera? ¿En dónde aprendiste que se es exitoso cuando se consigue una determinada circunstancia? ¿Por qué crees que serás más feliz cuando tengas eso o te pase aquello?

La invitación es a que reflexionemos sobre nuestras ideas, tanto de nosotros mismos, como de la vida que llevamos. Los pensamientos se construyen en la mente, a partir de lo que percibimos y las percepciones son apreciaciones de la realidad. 

Donde hay ilusión, hay desilusión. Atrevámonos a cambiar el cristal con el que vemos las cosas. Sobre todo, si no nos sentimos felices, completos o plenos con la manera en cómo actualmente pensamos y vivimos. Tal vez valga la pena considerar que mientras más nos comprometamos a cumplir con la idea de eso que "somos" o que se supone que "debemos ser", menor libertad tendremos de experimentar lo que realmente somos y todo lo que podemos reinventarnos cada día. 

Por ejemplo, si yo me caso con la idea de que "soy miedosa", lo más seguro es que efectivamente el miedo dirija mi vida. O si yo me la creo al decir que "soy poco sociable, que me cuesta hacer amigos", es muy factible que me pierda de la oportunidad de conocer gente. ¿Y qué si soy de esas personas que cree que lo sabe todo y creo que yo estoy bien y los demás están mal? Seguramente me perderé de la experiencia de ver la vida con ojos nuevos y curiosos, capaces deleitarse con las maravillas de la vida y aprender de los demás. Tal vez, entonces, creeré que las cosas y las circunstancias son rígidas, que no cambian y la esperanza no será parte de mi enfoque.

Si sientes que a tu vida le hace falta algo o que hay algo en ti que quisieras cambiar, te invito a reflexionar en todo lo que ya eres, todo lo que tienes y sobre todo, en el modo en cómo enfocas el mundo. En todas partes nos dicen que la felicidad no está fuera, sino dentro de nosotros. Seguramente ya lo habías oído o leído antes. Si es así ¿qué necesitas para encontrarla en ti? Tal vez sea cuestión de cambiar el color del cristal con el que miras.

Si quisieras una asesoría individual para profundizar sobre este o cualquier otro tema de este blog,  llámanos al (669) 985-2424 o escríbenos a contacto@nutrintegra.com  ¡Estamos para servirte!

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