1/02/2015

¿Y después de las fiestas? Propósitos y más propósitos.



Los propósitos de Año Nuevo para Comer Sanamente.

Después de una deliberada permisividad para alimentarnos durante las fechas navideñas, ocasión en que disfrutamos las delicias a las que tenemos acceso en esta temporada, muchos de nosotros nos decimos que al terminar el maratón de glotonería de la temporada,  reiniciaremos una dieta más equilibrada, empezando el mes de Enero. Para algunos incluso sea la primera vez en que comeremos "sanamente" en mucho tiempo. Prometemos comer mucha fruta y verdura y aseguramos que nos mediremos con los alimentos altos en grasa y azúcar. El objetivo en mente: bajar de peso. ¿Te suena familiar?

Estas y otras frases "entran" en el lenguaje mental y verbal de muchas personas. ¡Claro! sin dejar de lado las promesas y propósitos de volvernos más activos, casi atletas incluso. Otros más nos prometemos dejar de fumar, de apostar, de comprar en exceso, de decir malas palabras, etc., etc. ¡La lista de ejemplos es interminable! En la esperanza renovadora del inicio de año planeamos alcanzar muchos objetivos y uno de ellos, quizá el más popular es el de cuidarnos, tanto en el aspecto físico, como en la salud en general. A estas buenas intenciones les llamamos Propósitos o Resoluciones de Año Nuevo.

Pero ¿qué es lo que sucede después de que iniciamos a trabajar en conseguir las metas propuestas? Para la inmensa mayoría lo que habitualmente ocurre es que al entrar Enero, pedimos a algún amigo la dieta que le funcionó, o descargamos alguna del internet, o sacamos del cajón algún menú del año anterior y entonces la seguimos con singular fervor, por un tiempo. Nos levantamos emocionados para ir a correr o al gimnasio durante los primeros días, tal vez semanas. Pero al pasar los días, la dieta se vuelve aburrida y la almohada deliciosa. Así, como todo en la vida, la voluntad de ese primer día se vuelve pasajera.

El hecho de que nos haya pasado algo parecido a esto no es motivo para desanimarnos. Debemos entender cuál es el problema, para poder replantearlo. Lo que sucede frecuentemente es que nos planteamos metas poco realistas (como bajar 5 kilos en las primeras dos semanas), pero además centradas en una fuerte autoexigencia, es decir que para conseguirlas se requieren grandes esfuerzos. Además de perseguir objetivos poco realistas, asociamos su logro con un concepto de autoeficacia y felicidad y el fracaso lo hacemos algo personal y seña de pobre voluntad. 

En el fondo, al plantearnos los propósitos de año nuevo lo que buscamos es volver a creer en nosotros mismos. Sin hacer un análisis consciente de quienes somos, de todo lo que valemos y del camino y los pasos que realmente necesitamos seguir para cuidarnos mejor, creamos la película en nuestra mente y nos olvidamos de darle el guión al actor. Así, en el arranque de emoción, olvidamos reflexionar que mientras no haya un cambio de conciencia e intención reales, dificilmente llegaremos a las metas. 

Por lo tanto, al no conseguir esa realidad ficticia que nos inventamos, la voluntad y la energía del inicio se diluyen.  El resultado es que nuestro personaje termina nuevamente desmoralizado y a lo largo del año vamos acumulando nuevos intentos y sensaciones de fracaso. Como dije anteriormente, esto no pasa para todos, sólo para la mayoría. Así que las buenas noticias son que sí es posible efectuar un cambio de estilo de vida que sea permanente. La constancia y el renovar la intención diariamente, son la clave para que la voluntad no decaiga.

El propósito de comer sanamente.
Cuando de alimentación y cuidar nuestro cuerpo mediante la comida se trata, las dietas para bajar de peso no funcionan, al menos, no para cambios sostenidos. En la mayoría de los casos, el peso se recupera después de un tiempo, incluso se gana aún más. Esto ha sido demostrado en diversos estudios. Las dietas ofrecen un cambio impuesto del exterior (hacemos lo que alguien o algo, ajeno  nosotros, nos indica). Además en muchos casos son monótonas, o nosotros simplemente no apetecemos lo que nos toca comer ese día. O bien, no van de acuerdo a la ocasión, como cuando tenemos algún evento que implica comer algo diferente a lo que dicta el menú. Todas estas circunstancias llevan a que, tarde o temprano, abandonemos el plan de alimentación y el resultado es un sentimiento de arrepentimiento y culpa. (Nota: Ambos sentimientos pueden llevar a algunas personas a comer de forma desmedida, lo que sólo consigue aumentar el sobrepeso y, obviamente, la culpa. El resultado es un ciclo vicioso difícil de romper.)

Una alternativa es aprender a Comer con Conciencia.
Mindful Eating o Comer con Conciencia nos permite dejar por un lado la báscula y la dieta para observar y atender los impulsos que nos llevan a comer sin darnos cuenta. Desde una actitud de aceptación y autoconocimiento y espolvoreando con curiosidad nuestra atención, desarrollamos gradualmente la capacidad de estar presentes momento a momento, sin juicios. Aprendemos a  entender nuestra forma de pensar, sentir y actuar con nuestros alimentos.

Mediante nuestros sentidos podemos percatarnos de lo que sucede a nuestro alrededor. Centrando nuestra atención podemos observar también nuestras sensaciones físicas,  emociones y pensamientos, lo que nos permite darnos cuenta de lo que sucede dentro y fuera nosotros momento a momento. Este tipo de atención intencionada nos ayuda a ver los impulsos que nos llevan a comer, el por qué tenemos determinados antojos y patrones alimentarios. Lo más importante es que esto nos permite tomar acciones que sean más benéficas para nuestra salud y que al mismo tiempo satisfagan nuestras necesidades físicas y mentales.

Comer con conciencia es cambiar la crítica por autocompasión y autoaceptación, lo que nos lleva a conocernos cada vez mejor y a ser capaces de escuchar lo que nuestro cuerpo nos pide, así como lo que nuestro espíritu anhela. Nos volvemos capaces de distinguir los distintos tipos de apetitos, los del cuerpo y los del alma. 

Alimentación con Atención es hacer a un lado a ese duro crítico interno que puede ser capaz de atormentarnos y sustituirlo por una voz amorosa que nos impulsa a cuidarnos verdaderamente, a dar pasos cortos, pero constantes, hacia un estilo de vida saludable. La comida nos ayuda a satisfacer el hambre física, pero no los otros disparadores del acto alimentario inconsciente.

Si estás interesado en tomar alguno de nuestros talleres o en conocer más a fondo de qué se tratan, no dudes en contactarnos.
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