1/10/2013

¡A darle... Que es mole de olla!




En todos lados se cuecen habas… otro refrán culinario para hacer referencia a que en todas partes pasan cosas similares. No sólo en México comemos con singular alegría, esto sucede en cualquier sitio donde haya seres humanos. Así que revisemos un poquito sobre los diferentes significados que tiene el acto de comer. En particular por qué lo hacemos sin hambre, a cualquier hora, a veces incluso lo que sea. ¿Por qué comemos como comemos?


Prácticamente todos nosotros hemos experimentando alguna vez esa sensación de hastío, de llenado a la máxima capacidad, a sentir que vamos a reventar después de haber comido mucho y tal vez, también  muy rápido. Si tomamos el tiempo para pensar y analizar un episodio cono este, seguramente hemos sentido algún tipo de remordimiento, malestar o culpa cuando  hemos comido de esta manera. Y tal vez lo que ocurrió es que teníamos tanta hambre por haber esperado varias horas sin comer, o bien estábamos pasando un momento estresante, o simplemente el aburrimiento hizo presa de nosotros que lo que hicimos fue comer tanto como pudiera pasar por esa garganta para apaciguar el hambre, calmar el estrés o disminuir el tedio.

¡Ahora, para! Si te ha pasado esto y estás recordando uno o varios episodios como este, no emitas, al menos trata, ningún juicio. No eres el único, no hay nada que hacer de lo que ya pasó. La comida es frecuentemente usada con otros fines además de nutrirnos. Es más casi siempre es usada como medio de deleite, de placer y de paso, para alimentar nuestros cuerpos. Son menos las personas que al momento de alimentarse ponderan realmente la importancia que esa comida tiene para su cuerpo y se dan más a la tarea de simplemente “disfrutarla”. Sin embargo en ese disfrute estamos a veces tan distraídos que eso que se suponía nos iba a satisfacer (el platillo favorito, la salida a los tacos, los chocolates, el helado de vainilla con brownie, etc, etc) termina siendo devorado y ni tiempo tuvimos de realmente saborearlo.

Si hiciéramos un experimento y tomáramos papel y lápiz para describir nuestro último alimento, sería curioso ver la capacidad descriptiva de nuestro apunte. Tal vez seamos capaces de nombrar el alimento principal, como estuvo preparado y con qué lo acompañamos. En un segundo intento, si se nos pidiera que describiésemos olores, colores y sabores, en dónde lo comimos, cómo era el entorno, cuánto tiempo nos tardamos, qué precisamente hicimos y cómo fue que lo degustamos, quizá recurriríamos más a los recuerdos, a los conocimientos aprendidos y a nuestra imaginación que a lo que verdaderamente se registró en nuestra memoria de corto plazo.

Nuevamente, si somos de los que tendríamos que inventar respuestas, no nos sintamos mal. Eso es justo lo que hemos aprendido y lo que más sucede en nuestros días. Comemos sin darnos cuenta, deglutimos y a duras penas lo percibimos, saboreamos los primeros dos o tres bocados y entonces nos distraemos en otros asuntos. Comemos con nuestros cuerpos sentados a la mesa, manejando en el carro, en la oficina, parados en la cocina, pero con las mentes en un sitio algo distante. Comemos SIN conciencia.

¿Y qué es comer con conciencia?

Es poner atención al acto de comer, a lo que comemos, cómo lo comemos y por qué lo comemos. Significa estar completamente presentes mientras comemos. Cuando una persona come con conciencia, enfoca su atención a los sabores, texturas, colores, formas de sus alimentos. Es decir, come utilizando sus sentidos para vivir lo que pasa fuera de él, percibiéndolo con su boca, su vista, su olfato, su tacto, incluso hasta con el oído. Pero además, está en constante contacto con lo que sucede dentro de él, es decir, observando sus pensamientos, emociones, sensaciones y reacciones ante el alimento, en cada bocado. Es algo así como meditar mientras te estás alimentando. Es experimentar con la comida, tal como lo hace el científico del laboratorio.

¿Cómo se hace?

Justo así, practicando mientras comes, permitiéndote estar ahí, dándote el tiempo y la oportunidad de experimentar ese acto, tal como si fueras un crítico gastronómico y tuvieras que hacer un reporte sobre el alimento.

¿Es factible?

Cualquiera que lea esto creerá que es exageración, se pudiera reír, pensar que es absurdo e inmediatamente renegar que con tan poco tiempo que tiene, esto es imposible. De hecho es un reto, requiere primero disposición, voluntad y tiempo. Sin embargo, es cuestión de intentarlo una vez. Observar que pasa contigo después de haber comido así, con todos tus sentidos. Regalándote al menos 25 minutos para consumir tu comida principal del día. ¿Será posible que una persona no se merezca este diminuto tiempo para sí misma? Cuando recordemos que la alimentación es un acto indispensable para nuestro bienestar y supervivencia, que de ese bienestar físico dependerán muchas cosas, quizá entonces le demos la importancia que amerita.

Haz la prueba.

En tu siguiente comida. Regálate 25 minutos. Piensa que esta ocasión, comer será un PRESENTE que te estás dando. Observa tu mente y tu cuerpo desde que estás sentándote a comer. Ve detenidamente el alimento frente a ti, busca sus colores y formas, huele sus aromas, tócalo si es posible. Escucha los sonidos del lugar en donde estás y en cada uno de estos pasos, observa qué sientes y qué piensas. Sé agradecido, hoy tú puedes comer. Entonces da el primer bocado y sigue observando. Saborea, siente las texturas, identifica todas las sensaciones en tu boca. Come y bebe despacio. Olvídate de los pendientes del futuro y de los rencores y sinsabores del pasado. Estate presente, aquí y ahora, con esos sagrados alimentos, que estás poniendo en tu maravilloso cuerpo.

Buen provecho y ¡felicidades, ya estás camino a comer con conciencia!

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