10/30/2012

El Hambre Emocional... ¿qué es y cómo alimentarla?


¿Alguna vez te ha ocurrido que tras un día pesado o una situación estresante terminaste comiéndote una caja de galletas o un enorme chocolate sin siquiera tener hambre y que al término de tu escapada glotona te diste cuenta y te sentiste mal por tu hazaña? No eres la única persona que ha vivido esto. De hecho, muchos de nosotros hemos, en repetidas ocasiones, terminado frente al sillón viendo el peor programa en la TV acompañados de cualquier “botana” o escondidos detrás de la puerta del refrigerador comiendo a manera de sentir tranquilidad.

¿Por qué comemos así?

Las situaciones estresantes, las emociones negativas como el enojo, la tristeza, el aburrimiento, los celos, la frustración, la ansiedad generan sensaciones en nuestro cuerpo y muchas de estas pueden sentirse en el centro del abdomen. De ahí que cuando se les pregunta a las personas, muchas responden que estas sensaciones se sienten como hambre. Desafortunadamente y como es evidente, comer no alivia estas tensiones. Por el contrario, tras una comilona de este tipo, la gran mayoría de la gente se siente aun peor, desanimada y decepcionada por sus acciones, viene la culpa y las emociones negativas solamente se acentúan.

El por qué hacemos esto responde de diferentes maneras para cada persona. Algunos de estos patrones de conducta alimentaria los aprendimos desde niños. “La nieve de chocolate tras el logro académico”; “el paseo dominical con la familia acompañado de pastel y malteada;” “las galletas de canela que la abuela preparaba cuando estaba enfermo”, “el caramelo cuando estaba triste”, etc. La lista es infinita y varía para cada quien. Lo que sí es verdad es que es entendible que en ciertas comidas encontremos consuelo para las dificultades.

Los medios de comunicación favorecen la venta de estas comidas de consuelo como las galletas, chocolates, bollería, etc. y en sus comerciales vemos la felicidad que despierta en los actores el consumir un determinado alimento. Recordemos frases como “Haz una cara Hellmann’s” o “En OXXO queremos verte feliz… pregunta por la promoción de nachos + refresco por tan solo X pesos…” o bien, “Los Pingüinos Marinela son doble placer sabor a chocolate”, sólo por mencionar algunos ejemplos. La mercadotecnia hace su función en la mente de los consumidores.

También en el contexto en el que vivimos es común escuchar que otras personas comenten del placer que les genera el comer. Y el mensaje aquí no es que la comida no deba de dar placer. Al contrario, es conocido que una de las funciones de la comida es el proporcionar satisfacción, pero no es la única, ni la más importante. El desbalance sucede cuando vemos a la comida únicamente como fuente de placer y como remedio a los malestares que se originan en otros lados distintos del estómago. Entonces, la solución sería comer cuando en verdad tenemos hambre y en la medida justa, disfrutando nuestros alimentos y revisando en lo más profundo de nuestro ser si hay otras cosas que deban también de ser atendidas. Recordemos que nuestros hijos nos están observando y aprenden de nosotros.

¿Qué podemos hacer?

Curiosamente muchas personas comentan que cuando  comen por estrés o cualquier otra emoción  desagradable,  casi siempre se dan cuenta de que no tenían hambre hasta que han comido y cuando se despierta el remordimiento por haberlo hecho. Es decir, ha sido una situación en la que estaba inconscientes, distraídos, desconectados de sus propias emociones, actuando en automático, un patrón repetido: “Siento como que tengo hambre y voy y como, pero luego me doy cuenta que no era así.”

Entonces, si el origen de estos eventos está en esa inconsciencia, lo que se puede hacer es precisamente poner atención. Hacer una pausa para romper ese condicionado patrón de hacer sin pensar y checar con nuestro cuerpo y con nuestro espíritu que está pasando ahí, en este momento.

Se dice fácil, pero toma el esfuerzo y el tiempo para ir haciendo conciencia cada vez que sintamos el impulso de comer. Afortunadamente, como muchas otras cosas en la vida, con la práctica y la constancia esta revisión personal de nuestras verdaderas necesidades, el consultar con nuestro corazón y nuestra mente cómo están, se va haciendo cada vez más sencillo, se convierte en un hábito y en un mayor conocimiento de nosotros mismos.

¿Y cómo puedo responder a esas sensaciones físicas producto de mis emociones? En otras palabras, ¿cómo me quito ese “hambre” sin comer?

Si identificamos que algo no anda bien con nuestras emociones, que estamos atravesando una situación difícil que nos genera estrés o preocupación y estamos sintiendo constantemente la necesidad de comer, valdrá la pena ver si nosotros podemos atender esas emociones o si necesitamos ayuda profesional con algún terapeuta.

Algunas de las cosas que nosotros mismos podemos hacer para sentirnos mejor, aliviar la tensión, disminuir el estrés tienen que ver con cuidarnos y consentirnos. Aquí algunos ejemplos:

1.- Realiza una actividad física de tu agrado. El movimiento sirve para canalizar esa energía negativa y disminuir la ansiedad y las preocupaciones. El Yoga, la caminata, la natación son excelentes ejemplos. En realidad la mejor opción es la que tú disfrutes.

2.- Realiza alguna actividad creativa o artística: la música, la pintura, la escultura, las manualidades son alternativas para despejar la mente y centrar la atención en algo a lo que tu le das vida.

3.- Disfruta la naturaleza. Nada como un fresco amanecer o un lindo atardecer; observar las estrellas, sentarnos junto al lago, pisar la arena, observar la luz filtrarse por las ramas de un árbol. Hay mil fotografías instantáneas ahí afuera que despiertan paz y tranquilidad al observarlas, sólo se requiere de tu tiempo y atención para aprovecharlas.

4.- Masaje relajante, aromaterapia, baño de burbujas… todos estos pequeños regalos que nos merecemos y deberíamos de obsequiarnos de cuando en cuando. No tienes que gastar fortunas, en tu misma casa puedes crear tu propio Spa y sumergirte en un delicioso momento de auto-cuidado.

5.- Bebe un té delicioso o una taza de café (si no padeces gastritis), o un vaso de agua con unos rodajas de limón o pepino. A veces una bebida calientita, o bien una refrescante, es lo único que se necesita para tranquilizar el espíritu.

6.- Medita. Regresa a tu respiración con toda tu atención. Date ese momento que tanto te mereces para entender que dentro de ti está la capacidad de transformar tus emociones. Los puntos de arriba funcionan precisamente porque tienen que ver con llevarte al aquí y al ahora, para correr, pintar o deleitarte con la naturaleza necesitas estar presente y atento. Cuando sea difícil salir o ponerte a crear arte, recuerda que te tienes a ti mismo y tu respiración siempre te acompaña, ánclate en ella al presente y disfruta la paz que se genera en cada inhalación y en cada exhalación.

¡Amate y vive cada instante. La vida es lo único que verdaderamente tenemos!

Si estás quieres conocer nuestro servicio de consulta Nutricional o de Psicoterapia, o explorar alguno de nuestros talleres, llámanos a tel. (669)9852424 o escribe a: contacto@nutrintegra.com

10/28/2012

Los padres y la imagen corporal de sus hijos.


La imagen corporal es la manera en como uno se percibe a si mismo. Es esa idea que cada quien tiene de su cuerpo. Se dice que una imagen corporal es positiva si corresponde con la realidad y la persona se siente bien consigo misma y que es negativa si esto no es así. Todos tenemos pensamientos y sentimientos con respecto a nuestra apariencia y aunque pudiera pensarse que esas ideas son personales y no relacionadas con los demás o con el entorno, sucede precisamente lo contrario.


Nuestra imagen corporal es una idea que venimos formando desde nuestra infancia. Los mensajes que llegan del exterior son recibidos e internalizados por los niños y es algo un poco más complejo que decirle "eres hermoso" o "estás feo". Las expresiones, los comentarios, las críticas que los padres hacen sobre ellos mismos y sobre los demás va determinando la imagen que el niño se forma de lo que es bello y lo que no lo es y en consecuencia de lo que está bien o mal en él. Comentarios como mi enanito precioso, cachetoncito lindo, piecitos chuecos, gordita hermosa, cabezón inteligente, orejón simpático, etc., etc. son interpretados más en el sentido negativo que en el afectuoso.

Asimismo, una madre que vive a dieta, inconforme con su figura, o un padre muy riguroso en cuanto a la apariencia de su mujer, de si mismo o muy crítico del físico de otros están, quizá sin darse cuenta, enviando mensajes a sus hijos. Recordemos que los niños aprenden más de lo que ven, que de lo que oyen. La actitud de sus padres, las ideas que manifiestan sobre lo que es la belleza, la información que reciben de los medios de comunicación, lo que observan en el entorno influyen su forma de pensar. Cuando los mensajes son directamente sobre su apariencia física, este impacto es todavía mayor.


La imagen corporal es importante en tanto que tienen mucho que ver con la autoestima. Una persona que tiene distorsionada su imagen corporal habitualmente tiene una autoestima baja. Por el contrario, aquella persona que tiene una imagen corporal positiva, conoce que su valía no depende de su aspecto físico. En el caso de los niños, muchas veces  no entienden estos conceptos y no saben por qué se sienten como se sienten. Lo que sí es evidente es que el niño con alta autoestima tiene una de las mejores herramientas para enfrentarse a la vida.

En el tiempo en el que vivimos la información fluye practicamente sin restricciones, los medios de comunicación facilitan la difusión de ideas contradictorias sobre bienestar y belleza. Por un lado nos bombardean con imagenes estereotipadas de belleza, nos cuentan cómo es la vida de una persona exitosa, nos dicen que para tener felicidad debemos de tener o ser de tal o cual manera. Por otro lado nos promocionan una enorme cantidad de "alimentos" que tiene mucho de colorido y forma y poco valor nutricional. Y coronan la confusión de sus mensajes cuando son los artistas de moda o los atletas destacados de cada país los que consumen estos alimentos.

Debemos explicar a nuestros hijos lo relativo que es el concepto de belleza, la influencia a la que estamos expuestos por todas estas compañías que se dedican a la venta de productos y artefactos "para conseguirla". Debemos estar pendientes de los mensajes que reciben nuestros hijos, pero sobre todo, de cómo los interpretan. Querer evitar que se expongan a la TV y los medios masivos de comunicación o el internet, o que no convivan en el entorno en el que están creciendo sería un tanto irreal y poco asequible.

Sin embargo, para poder transmitir este mensaje tenemos que empezar por nosotros mismos. Revisar cómo es nuestra propia imagen corporal, cómo es que nos percibimos, qué tanto es que nos valoramos y en qué basamos ese valor. Recordar que nuestros hijos son seres independientes de nosotros, que por haber nacido de nosotros debemos amarlos, educarlos y guiarlos, pero no podemos vivir a través de ellos, ni debemos pretender que serán ellos quienes cumplirán nuestros sueños o anhelos no logrados. Entendiendo que nuestra propia forma de pensar también es producto de un gran bagaje familiar y cultural, podremos darnos cuenta que no todos pensamos igual  y que el concepto de belleza es personal y por lo tanto subjetivo.

Quienes amamos profundamente a nuestros hijos jamás haríamos algo que los hiciera sufrir. Desafortunadamente a veces lo hacemos sin estar conscientes de ello. Darnos cuenta de esto y rectificar es una acto de humildad y de profundo amor. Motivar a nuestros hijos, aceptarlos tal y como son, fomentar sus cualidades más que señalar sus dificultades será el mejor mensaje para que su autoestima y su imagen corporal sean positivas. Finalmente, será su propio caminar por la vida el que vaya dando forma a su autoconcepto y autovalía, será su propia experiencia las que les permita definir quiénes son y de qué son capaces. Sin embargo, si en su recorrido por esta vida van con una bolsa llena de herramientas como el amor, la autoestima, la confianza en sí mismos, seguramente podrán salir victoriosos de cualquier bache del camino...