9/03/2012

El poder de decir "No".


A la hora de tener que decidir si habremos o no de comer algo, pensando en si es conveniente para nuestro cuerpo desde el punto de vista de salud y cuidado del peso, atrevernos a decir “no quiero comer tal cosa” es preferible a decir “no puedo comer tal cosa”. Veamos. Decir no quiero, rechazando la idea con determinación nos coloca en una situación de control sobre nuestras decisiones, mientras que decir “no puedo” ya sea porque se está bajo un plan de alimentación saludable guiado por el nutriólogo, o porque nosotros mismos hemos decidido comer mejor, nos coloca en una situación de imposibilidad, de deprivación y por tanto de insatisfacción. Aun cuando ambas frases tengan por detrás la idea de que evitar tal o cual alimento es para nuestro bienestar, decir “no puedo” pudiera inconscientemente hacernos sentir negativamente y con la sensación de deseo del alimento.

Los juegos de palabras, que pudieran parecer bobos, verdaderamente tienen impacto en lo que pensamos. Y como bien sabemos, lo que pensamos afecta lo que sentimos y la forma en cómo reaccionamos. Es probablemente el hablar así y pensar así, lo que muchas veces termina por jugarnos chueco a la hora de querer mantenernos firmes en un cambio de estilo de vida. Sentirnos deprivados no es placentero y por lo tanto, eventualmente buscamos la manera de cambiar esa situación y por eso muchas personas abortan la misión y dejan cualquier cantidad de “dietas” a la mitad, o bien, tan pronto consiguen el peso deseado, se entregan al placer de comer aquello que tanto anhelaban.

Tener antojo por ciertos alimentos, en particular aquellos ricos en grasa, azúcar y sal, pudiera ser explicado por la teoría que lo liga a nuestra evolución. Teóricamente, estos alimentos eran los que permitían que los seres humanos, en sus largos andares de un lugar a otro, pudieran asegurarse la suficiente energía en los momentos en los que el alimento escaseaba. Desafortunadamente, la comida ya no escasea de esa manera, de hecho, podemos encontrar alimentos naturales y artificiales prácticamente en cada cuadra de cualquier ciudad. Sin embargo, nuestra evolución es lenta y nuestros cuerpos no se han adaptado al alto consumo calórico que tenemos, por lo que en lugar de desechar toda esa energía, la acumulamos como grasa corporal. Y el exceso de grasa corporal nos lleva al sobrepeso y a la obesidad.



Analicemos esta teoría.

El antojo del azúcar simple o refinado.

El azúcar daba a nuestros ancestros, en forma inmediata, la energía para funcionar y poder recuperarse después de un periodo de ayuno. Por tales motivos, encontrar azúcar disponible era un agasajo y algo muy atesorado. Aun así nuestros ancestros no la encontraban en forma de mermelada o Nutela, sino en forma natural a través de las frutas principalmente.

¿Por qué es tentador consumir azúcar? Al poner un alimento dulce en nuestras bocas, se desata una reacción que hace que nuestro cerebro libere sustancias que nos hacen sentir bien. Es un placer la sensación de paladear un delicioso y dulce postre. Es más, desde la vida temprana, los bebés tienden a preferir los sabores dulces en sus papillas.

¿Por qué decir “no quiero”?

Al parecer algunas personas se vuelven adictas al azúcar refinado, pero aun suponiendo que usted no es una de esas personas, tome en cuenta que el azúcar en exceso definitivametne puede afectar su salud. No quiero con esto decir que no puede consumir para nada postres o alimentos dulces. Nuevamente, prohibir se deriva en desear más. Simplemente, sea plenamente consciente de la cantidad de azúcar que ya de por sí come en los alimentos en forma natural, como las frutas, además del que se añade en su preparación.

Así que para que no lo tome desprevenido, la mejor estrategia es planear lo que comerá en el día, o si esto no es posible, entonces ir llevando un sensible registro de lo que está consumiendo, para así evitar el exceso de azúcares refinados. Si su objetivo es bajar de peso, cheque bien con su consciencia cuando vaya a comerse esas deliciosas trufas de chocolate, si para ese momento ya ingirió azúcar en el desayuno o en la comida y cree que ha excedido más de 2 a 3 cucharadas de azúcar simple, quizá valga la pena reconsiderar su antojo. Por otro lado el ejercicio es un aliado muy noble que nos permite deshacernos de esas calorías extras. Recuerde la ecuación: energía consumida – energía gastada = energía acumulada o perdida. Si come más calorías de las que consume, acumulará peso. Lo contrario también es cierto, si gasta más de lo que consume, entonces perderá peso.

 El antojo por la sal.

La sal tiene un rol muy importante en el control de los líquidos de nuestro cuerpo. Por tal motivo, de acuerdo a la teoría de la evolución y las sustancias que preferimos en los alimentos, la sal se convirtió en una sustancia ligada a nuestra supervivencia.

¿Por qué decir “no quiero”?

Consumir altos niveles de sodio se ha asociado a hipertensión arterial. Si tomamos en cuenta que en la preparación de alimentos y bebidas se utilizan altas cantidades de sal, consumirla en forma libre, es decir como la sal de mesa, añadida a los alimentos preparados, puede hacer que estemos consumiendo altas cantidades de sodio, sin darnos cuenta.

Sea cauto en lo que come y si cocina, en la forma en cómo prepara sus alimentos y los de su familia. Y si de botanear se trata, haga consciencia a la hora de ponerse ese puñito de cacahuates o de papas fritas en su boca. Existen además otras especias que puede utilizar para darle sabor a sus platillos y a sus botanas, sin poner en riesgo su corazón, como por ejemplo el limón, vinagre, ajo, chilito en polvo, entre otros.

El antojo por la grasa.

Como ya lo dije antes, de acuerdo a la teoría de la evolución y los alimentos, la grasa proveía al hombre de las cavernas de una oportunidad de energía extra para depositar y hacer uso de ella en los momentos de hambruna. Así que cuando encontraban un mamut, la tribu tenía un festín para recargar las reservas corporales de grasa y seguir su marcha hacia un lugar adecuado para vivir. En ese caminar de un lugar a otro, más en las actividades que conlleva el diario vivir, el hombre de antaño se deshacía de su grasa acumulada, ya que gastaba mucha energía.

Hoy en día no andamos de nómadas, pero tenemos festines como esos muy a menudo. Basta con sentarse en un restaurant de comida rápida y ordenar una hamburguesa doble carne, doble queso, con papas crujientes y extra-grandes, para darle a las lonjitas del cuerpo un “refill” que a veces no dejamos que se vacíe nunca. Y ¿por qué es tentador comer alimentos grasosos? Los expertos dicen que tiene que ver con la sensación de satisfacción. Además de que la grasa nos da una fuente de energía de “liberación prolongada”, es un resaltador del sabor de los alimentos. Y comer es un placer del que muchas personas se enganchan. La grasa tiene propiedades organolépticas, es decir, que despiertan el sentido del olfato y del gusto y hacen que los alimentos sean más apetitosos.

¿Por qué decir “no quiero”?

La razón es sencilla, la grasa se acumula fácilmente y a menos que seamos físicamente muy activos, no necesitamos de un exceso de calorías para acumular. La grasa acumulada se traduce en mayor riesgo de enfermedad cardiaca, de enfermedad vascular cerebral, de diabetes mellitus, de enfermedades articulares y de algunos tipos de cáncer, entre otras. Así que decir “no quiero” a la grasa excesiva, fácilmente encontrada hoy en día en muchos alimentos, parece ser una decisión inteligente. Aún así, no debemos prohibirnos absolutamente nada, el chiste de conseguir llevar una alimentación que sea al mismo tiempo saludable y deliciosa, está en las cantidades que consumimos y en las combinaciones que hacemos con nuestros alimentos.

Cocinar con poca grasa y en particular con aceites monoinsaturados, como el aceite de olive es preferible para nuestra salud. Si además de cuidar eso en forma regular, cuidamos también los placeres que nos permitimos, seguramente nuestro cuerpo y nuestra mente se sentirán satisfechos. Es decir, permítete un placer de vez en cuando y en una cantidad razonable. No te des a la tarea de terminarte toda la caja de chocolates, o de competir a la hora de ordenar la hamburguesa “¡súper, doble, extra grande, plus! Mejor deja a tu paladear saborear de ese apetitoso antojo despacito, con consciencia, disfrutándolo al máximo, pero de vez en cuando. Casi, casi como si lo hicieras solo para consentirte y recordar como sabe.

En resumen...

Decir "No quiero" nos recuerda el poder que tenemos de tomar decisiones, en lugar de sentirnos incapaces de hacer algo, al decir "No puedo". A la hora de establecer cambios de estilo de vida, es mejor tomar esa decisión y ponernos en acción con una actitud positiva, con fe en nosotros mismos y sintiéndonos aptos para dar cada paso. En el caminar hacia una vida más saludable, los pasos pequeños, pero firmes, son los que nos llevarán más lejos.

Somos artífices y creadores de nuestro destino. Prueba de ello es que a pesar de lo que el hombre de antaño hizo y vivió, nosotros tenemos la facultad de sabotear a la "teoría de la evolución" mediante una consciencia plena, que atienda nuestras reales y actuales necesidades y que nos permita disfrutar de nuestra comida, en la medida justa, atendiendo a los antojos sólo como algo repentino, acusiosamente y sin dejarnos llevar por la fugaz sensación de placer que puede tener un festín de papas fritas y tartas de chocolate.

Bon apetit!

1 comentario:

  1. viviscal reviews...

    NUTRINTEGRA :: » El poder de decir “No quiero”, en lugar de “No puedo”....

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