9/26/2012

Consejos prácticos para comer con Conciencia Plena.


Existe abundante información sobre dietas y programas para perder peso, todos los que hemos intentado bajar de peso sabemos esto. Es común que las personas inicien su dieta con la mejor de las intenciones, pero al paso de unos cuantos días, muchas de estas personas abortan la misión y como resultado surgen sentimientos de culpa, de fracaso y como es de esperarse, la báscula vuelve a marcar el peso original, si no es que unos gramos más que al inicio. Este insostenible y enloquecedor estilo de vida de entrar a una dieta y salir de ella y entonces probar otra y otra y otra más, puede generar en la persona una sensación de cansancio, culpa, frustración y desesperanza, “por qué no tengo fuerza de voluntad?” “otra vez mandé la dieta a volar”, “ya fallé de nuevo”, son algunos de los pensamientos que cruzan en la mente de quien ha intentado en repetidas ocasiones bajar de peso, sin conseguirlo exitosamente, pero la realidad es que muchas de estas dietas no funcionan.

Y las dietas milagro, relámpago, express o como les quiera llamar no funcionan, porque no están diseñadas para funcionar. La gente termina por cansarse de seguir un régimen impuesto. La mejor forma de conseguir un peso saludable, que se acompañe de satisfacción y voluntad para mantener los logros es aprender a comer poniendo atención a lo que se come y a cómo se come. A esto se le llama ALIMENTACION CON CONCIENCIA PLENA.

Cuando se practica en forma regular, la alimentación con conciencia plena nos ayuda a resaltar cada aspecto de nuestra existencia, a disfrutar no sólo de los alimentos, sino de cada momento que cruza nuestra vida y por ende, se convierte en un estilo de vida que se perpetúa.

9/03/2012

El poder de decir "No".


A la hora de tener que decidir si habremos o no de comer algo, pensando en si es conveniente para nuestro cuerpo desde el punto de vista de salud y cuidado del peso, atrevernos a decir “no quiero comer tal cosa” es preferible a decir “no puedo comer tal cosa”. Veamos. Decir no quiero, rechazando la idea con determinación nos coloca en una situación de control sobre nuestras decisiones, mientras que decir “no puedo” ya sea porque se está bajo un plan de alimentación saludable guiado por el nutriólogo, o porque nosotros mismos hemos decidido comer mejor, nos coloca en una situación de imposibilidad, de deprivación y por tanto de insatisfacción. Aun cuando ambas frases tengan por detrás la idea de que evitar tal o cual alimento es para nuestro bienestar, decir “no puedo” pudiera inconscientemente hacernos sentir negativamente y con la sensación de deseo del alimento.

Los juegos de palabras, que pudieran parecer bobos, verdaderamente tienen impacto en lo que pensamos. Y como bien sabemos, lo que pensamos afecta lo que sentimos y la forma en cómo reaccionamos. Es probablemente el hablar así y pensar así, lo que muchas veces termina por jugarnos chueco a la hora de querer mantenernos firmes en un cambio de estilo de vida. Sentirnos deprivados no es placentero y por lo tanto, eventualmente buscamos la manera de cambiar esa situación y por eso muchas personas abortan la misión y dejan cualquier cantidad de “dietas” a la mitad, o bien, tan pronto consiguen el peso deseado, se entregan al placer de comer aquello que tanto anhelaban.

Tener antojo por ciertos alimentos, en particular aquellos ricos en grasa, azúcar y sal, pudiera ser explicado por la teoría que lo liga a nuestra evolución. Teóricamente, estos alimentos eran los que permitían que los seres humanos, en sus largos andares de un lugar a otro, pudieran asegurarse la suficiente energía en los momentos en los que el alimento escaseaba. Desafortunadamente, la comida ya no escasea de esa manera, de hecho, podemos encontrar alimentos naturales y artificiales prácticamente en cada cuadra de cualquier ciudad. Sin embargo, nuestra evolución es lenta y nuestros cuerpos no se han adaptado al alto consumo calórico que tenemos, por lo que en lugar de desechar toda esa energía, la acumulamos como grasa corporal. Y el exceso de grasa corporal nos lleva al sobrepeso y a la obesidad.