8/15/2012

Comiendo con Atención Plena y con Placer.


Todo cambia, todo se transforma... la historia de la humanidad nos presenta repetidas veces cómo lo que antes era común y normal, ahora es un recuerdo. Y cambiar no es malo, ni bueno... Cambiar es el producto de una naturaleza que evoluciona y se adapta. Lo bueno o lo malo sólo depende de cómo nos afecte. Supongo que si un cambio nos trae beneficios, entonces es bueno. Lo contrario también sería cierto... analicemos en forma general lo que ahora mismo sucede con nuestra relación con los alimentos, a nivel global.


Antes la gente tomaba un tiempo para comer, reunidos en la mesa, la familia entera (habitualmente) aprovechaba la hora de comer para convivir y conversar, era el tiempo de comunión familiar. Ahora eso no se ve en todos los hogares, ni todos los días. Comer ya no es prioridad, en el sentido de que ahora lo hacemos dónde, cuándo y cómo podemos.... juntos o aislados, en la casa o en el carro, en 1o minutos por promedio... Sin embargo, por comer como comemos, somos una sociedad llena de gente obesa, cardiópatas, diabéticos, hipertensos.... tenemos menos tiempo para comer, pero más comida... más tecnología, pero menos consciencia ambiental, más recursos, pero más enfermos... Somos dueños de muchas cosas, pero no de nosotros mismos, controlamos la genética, pero no nuestra mente.


Así, situados en nuestro tiempo presente, tenemos que muchas personas luchan día con día con la comida... cuando la lucha realmente debiera de dejar de ser lucha y convertirse en una transformación gradual y la comida, por su parte, que finalmente descansa inocentemente y sin causar problema en el refri o en la mesa, no debería de ser un motivo de preocupación. En lugar de eso, sería mucho más sencillo si empezáramos por entender que gran parte de lo que hacemos en nuestro diario vivir viene dado por una falta de conocimiento de nosotros mismos, de nuestras emociones y por una desconexión entre lo que pensamos y hacemos... o quizá sea porque ni siquiera nos damos el tiempo para verdaderamente pensar lo que hacemos.


En esta dualidad constante que presenta por un lado la intención de comer sanamente y cuidar el cuerpo, y por otro lado la falta de tiempo y la poca voluntad ante las "tentaciones", muchas personas terminan por olvidarse de sus intenciones y darse a la tarea de comer inconscientemente, lo que sea, en dónde sea y en tal cantidad que se pasa de la saciedad al hastío y a una velocidad tal que la mente ni se da cuenta de qué, ni de cuánto se comió, por lo tanto el placer que provee la comida pasa en gran parte desapercibido y una mente "no satisfecha" sigue buscando. Y entonces luego surgen pensamientos como: "¡Total que mañana lo intento de nuevo!" Y luego vienen los remordimientos, la sensación de fracaso y falta de control, y por lo tanto, la lucha contra la comida, la ansiedad y el malestar físico y mental inician de nuevo.


Afortunadamente sí somos dueños de nosotros mismos, de nuestros actos y de nuestra mente. En el momento en que lo decidamos podemos tomar el control sobre nuestras acciones y nuestro destino. Comer con consciencia y con placer significa poner las cosas en perspectiva, hacer las paces con los alimentosdarle a la comida la importancia que tiene, ni más, ni menos. Hacer las paces con nosotros mismos, dejar de ser tan autocríticos, pero sin llegar a ser irresponsables o inconscientes. Es decir, todos necesitamos comer, pero hay que re-aprender a hacerlo con paz, con equilibrio, con placer. No se trata de comer en una sentada como si buscáramos almacenar para toda una vida, ni tampoco se trata de prohibirnos aquellos alimentos que nos dan tanto placer. El secreto está en el punto medio, en el equilibrio, en la consciencia.


Aquí algunos tips para comer con consciencia y disfrutando al máximo.


1.- Tómate un tiempo para comer y hazlo un momento especial. Ciertamente los alimentos proveen satisfacción, de ahí que muchas personas buscan comer cuando se sienten ansiosos, tristes, frustrados, asustados o enojados. Cuando comemos a toda prisa, no saboreamos lo que comemos, no logramos percibir la satisfacción que surge de los aromas, sabores y textura de los alimentos. cuando comemos rápidamente no nos sentimos satisfechos y esto nos puede llevar a comer más... ¡más comida en menos tiempo! y en situaciones así lo más seguro es que paremos de comer cuando nuestro estómago está lleno a su máxima capacidad. También, cuando no estamos satisfechos, es más fácil que en poco tiempo después de comer,  ante cualquier situación estresante, busquemos poner algo en nuestras bocas, para distraer esa mente intranquila. Así que búscate un tiempo para comer y si eres el encargado de servir la mesa, hazlo cuál si tuvieras visitas, acomoda tu mesa para que luzca linda, consciéntete y consciente a los tuyos. Y si has de comer en el comedor del trabajo o en casa tu solo, procura que el ambiente sea ameno... no te llenes de preocupaciones en ese especial momento, busca compañía que llene tu espíritu... el alma también siente apetito, dale de comer positivamente.


2.- Come despacio. Mucho se dice que si 20 minutos, media hora, que mastiques 20 veces cada bocado.... mucho se dice, pero nada de eso se dice con certeza plena. Lo que sí es verdad, es que debemos procurar comer lo suficientemente despacio para sacarle a cada bocado todo el sabor, para triturar bien los alimentos y ayudar así a que nuestro sistema digestivo le avise al cerebro que estamos siendo alimentados. Cuando comemos de forma tal que tragamos sin masticar, es más fácil que terminemos comiendo en exceso. Así que come en paz, a un ritmo tranquilo y saboreando al máximo cada bocado.


3.- Atrévete a comer solo. Haz un experimento. Come solo. Mucha gente cree que si la ven comer sola pensarán que es rara y no tiene amigos. Para nada, comer es placentero y puede ser un momento de mucha intimidad. Experimenta comiendo solo, sin distracciones como la tele o una revista y haz el ejercicio de disfrutar cada bocado. Descubrirás sabores que ni te habías dado cuenta que existen. Te sentirás más satisfecho y seguramente te saciarás con menos comida. Una vez que lo hayas experimentado, desearás comer así, aun en compañía de otras personas.


4.- Utiliza todos tus sentidos. Observa, huele, escucha, toca y saborea tu comida. ¿A poco se puede? ¡Claro que se puede! Huele los aromas, escucha los ruidos en la preparación de los alimentos y una vez dentro de tu boca, siente las texturas en tu boca, en tu lengua y tu paladar, esto te llevará no sólo a sentir con el tacto, sino a degustar todos los sabores presentes en los alimentos.


5.- Come a sentirte satisfecho, ¡no a llenarte como para reventar! Dicen los orientales que se debe comer a 4/5 de la capacidad del estómago, que el último quinto nos lleva al doctor. ¡Y parece ser cierto! Cuando comemos a reventar, es muy factible que subamos de peso y el sobrepeso se asocia a muchas enfermedades físicas y mentales. Así que comamos a sentirnos satisfechos... para saber cuando es ese momento, come despacio, utilizando tus sentidos y tómate el tiempo, varias veces mientras comes para checar con tu señor estómago cómo anda todo ahí dentro.


6.- Libérate de la culpa. Cuando comemos con consciencia, sentimos el placer que conlleva alimentarnos, pero estamos atentos de la forma en cómo lo hacemos. En otras palabras, tenemos comunión con la comida, entendemos que nos sirve para alimentarnos y lo hacemos en la medida justa, ni más ni menos.... Muchas personas comen por dos, por tres o por los tiempos de hambruna que pudieran venir si el mundo sufre una guerra.... Hello!!??? mientras no haya guerra y mientras sigamos siendo sólo uno, habremos de comer lo necesario, nada más... si lo hacemos con consciencia, es decir con calma, utilizando todo nuestros sentidos, nuestra mente registrará lo placentero que es comer y no habrá ni preocupaciones ni ansiedad por comer más. ¡Total, salvo que el destino tenga otro plan para tí, ya tendrás otra oportunidad para comer con consciencia y con placer!

¡Buen provecho!

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Deja tu comentario