3/23/2012

La comida... Ni premio, ni castigo




La relación entre nuestras emociones y los alimentos, comienza desde el momento en que llegamos al mundo, cuando nuestra madre nos amamanta. Si lloramos, mamá corre y nos alimenta, ésto es fundamental para nuestra supervivencia; ese acto tan natural nos hace sentirnos seguros y queridos.

Pero ¿cuándo ese acto de amor y cuidado se convierte en algo negativo?                         
Cuando utilizamos la comida como premio o castigo, cuando le damos una conotación diferente. La comida nos sirve para fortalecernos y nutrirnos. Todos sabemos los beneficios de ésta, pero si la cargamos con emociones positivas o negativas, pierde su principal papel, deja de ser natural y se convierte en algo difícil de controlar, puede ser una causa de angustia y enfermedad.

Es habitual que los padres recurramos al clásico “si te portas bien te doy un caramelo”, o “si haces tal cosa luego vamos a comer una hamburguesa”. Seguramente, todos lo hemos hecho alguna vez, pero es un error utilizar la alimentación para premiar o castigar a los hijos.

Es mejor hacerles ver que la recompensa de alimentarse sanamente es que van a crecer fuertes, sanos y evitarán enfermedades. Tal vez creas que esto no les aliente, pero conforme tu hijo se sienta alegre y cómodo con su cuerpo, o incluso pierda peso, el pensamiento de que comer sano es una obligación impuesta por sus padres, cambiará por el de que su persona es tan importante y valiosa, que vale la pena considerarlo y cuidarse a través de una alimentación saludable.


 Premiar con golosinas a los niños los hace pensar que: 
  • Tienen que hacer las cosas siempre bien,  para recibir algo que les guste.
  • Que los alimentos azucarados, los chilitos etc., son reconfortantes y los sanos no merecen ser premios, por lo tanto son malos.
  • Que realizan sus deberes por recibir un dulce al terminar y no porque sea su obligación.
Castigar con alimentos que no sean del agrado de nuestros hijos, por ejemplo con las espinacas, es un error, ya que conseguiremos que nuestros hijos asocien ese alimento con algo desagradable y negativo y jamás lo incluirán en su dieta.

Les quitamos a nuestros hijos la oportunidad de probar nuevas cosas. Las creencias e ideas que crecen en nuestra mente son difíciles de erradicar,  no los llenemos entonces con ideas negativas sobre los alimentos. Pregúntate si esos alimentos sanos con los que "castigas" a tu hijo los eliges porque en realidad es a ti a quien desagradan. Si hay alimentos que no les das por esta razón, les estás quitando la oportunidad de decidir si para ellos son buenos. También cuestiona si tu pones  el ejemplo a tus hijos con tu dieta.
Hacerte estas preguntas te ayudará a analizar que ideas o creencias les estas imponiendo a tu hij@, recuerda que todo lo que hagas por ellos hoy, se reflejará mañana.

¡Sigue adelante!

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