3/22/2012

Comiendo con consciencia


¿Que tan consciente eres de lo que haces? ¿Te diste cuenta de cada una de las cosas que hiciste esta mañana antes de salir de casa? ¿Podrías enumerarlas?

Muchas veces actuamos en automático, rutinariamente, casi por instinto. Tenemos un programa tan bien establecido, que ya no percibimos conscientemente muchas de las acciones que realizamos en nuestro diario vivir. Con nuestra alimentación pasa lo mismo.

El hambre es una respuesta fisiológica ante la falta de energía. Nuestro cuerpo nos pide que lo alimentemos. El apetito es el deseo de comer determinado alimento. Comúnmente los confundimos y ambos nos llevan a tomar la misma acción, buscar alimento y comer.

El llenado de nuestro estómago y la sensación de saciedad son dos conceptos diferentes. Podemos tener la panza llena y la mente aún "hambrienta". Es común que ambas situaciones estén descoordinadas y sigamos comiendo, a pesar de que fisiológicamente ya no lo necesitemos. Esto lleva a comer compulsivamente.

Una de las herramientas para poder controlar la forma compulsiva de comer de muchas personas, es precisamente mediante la consciencia. Cuando estamos distraídos, apurados, desconectados de lo que hacemos, es fácil que comamos más por apetito, que por hambre. Tomar el tiempo para comer, disfrutar, saborear de los alimentos, nos permite identificar cuándo realmente seguimos hambrientos. Hacer del momento de comer una experiencia grata, favorece que nos sintamos satisfechos cuando verdaderamente hemos comido lo suficiente.

Por este motivo es importante hacer de la hora de la comida un tiempo especial. Comer frente a la tele, la computadora, en el mall, o manejando el carro, no son formas adecuadas para procurarnos nuestra alimentación. Las distracciones se llevan consigo el momento. Y un tiempo que debía ser agradable, pasa completamente desapercibido.

Analiza, por ejemplo, si alguna vez has comido tan de prisa y tan inconscientemente, que cuando miraste tu plato pensaste: "¡Wow, ya me lo acabé y ni cuenta me di!". Cuando esto sucede, es muy probable que el siguiente paso sea ir por más comida. Esto es un ejemplo de una mente que se ha quedado "hambrienta", porque no tuvo oportunidad de percibir lo que realmente estaba sucediendo. Un cuerpo que comió, sin que su cerebro "se diese cuenta".

Para comer con consciencia necesitamos aprender a escuchar a nuestra mente, identificar nuestras sensaciones y atrevernos a conocernos mejor. Es por un lado escuchar a nuestro estómago, pero también atendiendo a nuestra mente, dándole a esta la importancia que merece, satisfaciéndola a través de lo que nos pide.

No quiero decir con esto, que si la mente nos pide que nos comamos un kilo de pastel de chocolate, haremos eso. No, lo que debemos de consultar con nuestra mente es precisamente qué pide y por qué lo pide. A veces lo que pide es un momento de paz; que nos regalemos el tiempo para analizar cómo estamos, qué sentimos; qué deseamos en realidad.

Cuando conectamos nuestro cuerpo con nuestras emociones y nuestros pensamientos, es más fácil que realicemos acciones que favorezcan nuestra salud. Debemos aprender una manera adecuada de alimentarnos y así, conscientemente, poner en nuestro plato y en nuestra boca lo que mejor nos convenga. Esto ayudará a que nos nutramos adecuadamente.


También, así, conscientemente, debemos permitirnos un gusto, un antojo. Liberarnos del pensamiento de culpa, de creer que "hemos pecado", como muchas veces se dice. La culpa sólo genera ansiedad y emociones negativas, que terminan por empeorar una forma compulsiva de comer. Escucharnos, respetarnos y consentirnos es verdaderamente valioso e importante.


La satisfacción con lo que hacemos es lo que permite que la adquisición de un nuevo estilo de vida sea disfrutable, y por lo tanto, perdurable. Así que comamos a consciencia, disfrutemos y aplaudamos cada paso que demos hacia una mejor manera de vivir.

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