1/12/2012

La Familia: Clave en el Manejo de la Obesidad Infantil.


La obesidad infantil es un problema que aumenta rápidamente a nivel mundial. En Estados Unidos existen cifras de que un 13.9 % de los niños entre 2 y 5 años de edad, un 18.8% de los niños entre 6 y 11 años de edad y un 17.4% de los adolescentes entre 12 y 19 años de edad padecen obesidad. Son cifras importantes y la tendencia va a la alza. Los gobiernos de los distintos países se encuentran haciendo esfuerzos en el campo de la investigación, buscando soluciones para este problema, dado que implica un gasto fuerte en materia de salud pública. Pero además de esto y lo más relevante en cuestiones de salud, es que muchos de estos chiquitos, de no hacerse nada, terminarán siendo adultos jóvenes, incluso adolescentes, con alto riesgo de desarrollar enfermedades como Diabetes Mellitus, Hipercolesterolemia (alto colesterol en sangre), Hipertensión Arterial, siendo todos estos factores para desarrollar enfermedad cardiovascular.

La clásica explicación de que la obesidad se debe a un exceso de energía (calorías) obtenida a partir de los alimentos, contra un deficiente uso de la misma (falta de consumo mediante la actividad física) se acompaña recientemente de muchas otras posibles explicaciones al problema. En el campo de la medicina se buscan factores genéticos, inmunológicos, y bioquímicos, que influyan en la tendencia de algunas personas a la obesidad. Y hay mucho cocinándose en la olla de la ciencia, sin embargo, todavía estamos lejos de muchas respuestas o de la elaboración de fármacos, que milagrosamente nos quiten lo “gordito”. De lo que sí tenemos respuestas cada vez más contundentes, en el caso de la obesidad infantil, es del hecho de que la familia juega un rol muy importante para un satisfactorio tratamiento del niño.

Desde la década de los 90’s se ha iniciado una serie de investigaciones sobre cómo la dinámica familiar tiene relación con la obesidad infantil. Se ha podido dilucidar que las intervenciones terapéuticas, que involucren al seno familiar entero, se traducen en mejores respuestas al tratamiento del niño. Dicho de otra manera, aquellas familias en las que todos los integrantes modificaron su estilo de vida, dio por resultado mayor éxito para que el niño siguiera el tratamiento, y por tanto, alcanzara sus objetivos. Esto tiene una sencilla explicación. Como humanos, somos influidos por el ambiente y si somos humanos en formación, es decir, niños, somos todavía más susceptibles a que los cambios que se experimenten en nuestro entorno nos afecten.

Se sabe que en el fondo del sobrepeso y la obesidad yace un elemento emocional muy importante. La ansiedad, el estrés, los conflictos no resueltos, los cambios inesperados, son generadores de angustia y muchas personas tienden a manejar la angustia tomando conductas que distraigan, reemplacen o encubran los problemas, como comer o comprar compulsivamente. Es por eso que es muy fácil ir a parar a la puerta del refrigerador cuando lo que tenemos en el estómago no es hambre, sino un vacío emocional que no sabemos identificar como tal.

 


Es muy común que el niño con sobrepeso sufra ansiedad y angustia, pues estos niños son muchas veces objeto de comentarios que dan directo en el blanco de la autoestima. Es de esta manera que podemos entender el famoso círculo vicioso comer-deprimirse-comer.
Cuando la angustia no se resuelve o no se canaliza adecuadamente, el “hambre” que es más bien apetito, tampoco desaparece y se cae fácilmente en la tentación de llenar el vacío con un bocado, o dos, o tres.

La forma en cómo la terapia familiar ayuda al manejo del sobrepeso y obesidad infantil es identificando los problemas, abordándolos en cada aspecto y haciendo conscientes a los padres de su rol no sólo en el origen del problema, sino más importantemente, en la solución del mismo. Es por lo tanto, indispensable ver debajo de la punta del iceberg, que viene siendo la obesidad del niño, y mirar hacia la base, que es donde se origina y partir de ese punto hacia un manejo multidisciplinario, que trata a la vez la salud, la nutrición y las emociones del niño. 



En el manejo integral de la obesidad se debe cuidar la mente, el alma y  el cuerpo, pues como seres humanos somos una totalidad, en la que los diferentes elementos se entrelazan y se afectan entre sí. Recordemos que somos como el mecanismo de un reloj de pared, en el que cada esfera de nuestra vida viene representado por un engrane. Un engrane sería nuestra mente que genera pensamientos, otro sería el del alma, donde residen las emociones y sentimientos y el otro engrane sería el de nuestro cuerpo. Si nuestra mente genera pensamientos negativos, tendremos emociones negativas y estas pueden afectar a nuestro cuerpo. ¿Cómo si no así, es que podemos explicar el hecho de que hoy día se asocie al estrés  como causante de tantas enfermedades? Al igual que el reloj, el movimiento de un engrane generará el movimiento del otro y si uno de nuestros engranes se atasca, el mecanismo se entorpece y puede incluso atascarse por completo. 

En el caso particular de la obesidad infantil, un adecuado tratamiento implica una modificación de estilos de vida de la familia completa, no sólo centrarse en el niño. De esta manera, si se desean alcanzar mejores resultados, se deberá dar igual importancia a la educación nutricional, a la promoción de una vida físicamente más activa y a la resolución de las tensiones del entorno familiar. Se deberá, como padres, de acompañar al niño en el proceso de cambio, tendiéndole una mano cálida para los momentos en que el terreno se torne pedregoso y, al mismo tiempo, representando el ejemplo que le dé luz a su camino.

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