1/02/2012

Cuando lo que está detrás de comer NO es hambre...


Nuestra vida es lo que percibimos como tal, lo que "heredamos" desde el día en que llegamos a este mundo, ese fondo en el que crecimos y lo que nosotros mismos hemos ido "modificando" al crecer. Sentimos y pensamos como producto del programa que desde chiquitos se ha metido en nuestra computadora mental. Somos en gran parte producto de nuestro medio ambiente, nuestra familia, nuestra historia personal.

Así vamos por la vida, en un continuo sentir, pensar y hacer que se involucran todos entre sí. Es difícil concienciar hasta qué punto lo que nos afecta viene suscitado por lo que vivimos y sentimos en nuestra infancia, e igual es difícil saber, hasta que punto lo que sentimos afecta a lo que hacemos. Requiere mucha introspección, ver hacia dentro de nosotros mismos, darnos el tiempo para conocernos y reconocernos como lo que realmente somos para poder llegar a muchas de estas respuestas.

Lo que sí se sabe es que gran parte de lo que hacemos, como por ejemplo comer, está influenciado por nuestras emociones. La tristeza, el estrés, la ansiedad, el enfado, la ira, el aburrimiento pueden generarnos vacíos en el alma que terminan por llevarnos al refrigerador, como si para llenar el espíritu necesitáramos llenar el estómago. Asociamos inconscientemente nuestro estado anímico y muchas situaciones con la comida.  Por ejemplo, ¿cuántas veces hemos asociado la época de verano con tomar un helado, la de frío con un chocolate caliente, las situaciones de éxito con una comida para celebrar, la convivencia familiar con una buena película acompañada de palomitas de maíz o pizza?

Y esto suele ser inconsciente, parte del programa que se reproduce en automático, porque así lo hemos aprendido. Y de la misma manera, muchas veces cuando hay tristeza y vacío en el alma, recurrimos a lo primero que está a mano detrás de la puerta de la alacena. La pérdida de un ser querido, una relación amorosa rota, el desempleo, un sueño no realizado son situaciones en las que fácilmente las personas se sienten desmoralizadas y pueden caer en acciones que distraigan esos sentimientos, como comer por comer, es decir sin hambre física, pero con "apetito" mental y espiritual.

Es muy importante tratar de hacer conscientes nuestras emociones en torno a nuestra alimentación, si en verdad queremos lograr perder peso. El estrés que sentimos tiene la capacidad de afectarnos en muchas esferas de nuestra vida. La próxima vez que abras la puerta del refri, trata de pensar si realmente es hambre lo que sientes, sobre todo, si hace relativamente poco tiempo que comiste la última vez.

De igual manera, nuestros niños, están viviendo en base al programa que les estamos introduciendo cada día. Nuestras acciones, palabras, trato para con ellos influyen notoriamente sus vidas. En ocasiones, sin darnos cuenta, esas palabras que les dirigimos pueden causarles huellas que quedan para toda la vida. Como padres y adultos debemos tomar consciencia y responsabilidad sobre el hecho que mucho de lo que nuestros hijos son, hacen y sienten es producto de nosotros mismos. No podemos hacer responsables a niños pequeños de muchas de las acciones que ellos toman.

¿Hasta qué punto tenemos que ver nosotros los padres en la forma de comer de nuestros hijos? Es muy necesario plantearse esta pregunta si en casa estamos atravesando algún problema relacionado con la alimentación de nuestros pequeños. Se debe analizar cómo ha sido su alimentación desde bebés hasta este momento. Muchos de los niños que hoy sufren sobrepeso fueron bebés a los que se les calmaba el llanto con un biberón. Muchos de estos niños también fueron aplaudidos cuando comían de acuerdo a la manera en que sus padres y/o sus abuelos esperaban que comieran. ¿Y ahora cómo ponemos reversa?

Llamar a tu hijo "gordito hermoso", "panzón", "tragón simpaticón" puede impactarlo para siempre, y no necesariamente en forma positiva. Y tampoco son precisamente las palabras que el o ella necesita oir para incentivarlo a cambiar su forma de comer.

Te invito a pensar en todo esto. A pensar en tí como el ser completo que eres. Eres cuerpo y alma y tu alma necesita alimento. Necesitas amarte, mimarte, creerte todo lo que vales. Saber que tus necesidades emocionales son tan, o incluso más importantes que las físicas. Que si tu alma no está satisfecha, es factible que lo quieras compensar comiendo o haciendo otras cosas que llenen esos vacíos.

Igualmente, como padre o madre, te pido que analices cómo es el entorno en tu familia. Con plena honestidad y objetividad analiza qué sucede en casa que pueda estar afectando a tus hijos. Que recuerdes que cada hijo es diferente y habrá quien canalice sus sentimientos de tristeza y soledad siendo rebelde, llamando la atención y habrá también aquel que degluta su ansiedad y enfado junto con un bocado. Que no dicen que "las penas con pan son menos".... qué cierta parce esta frase, ¿no lo crees?

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