1/14/2012

ES TU DECISIÓN... Mente, Emoción y Cuerpo

NUTRINTEGRA es un programa holístico, completo y funcional,  no se basa solo en dietas con menú, por un período determinado. Nos interesa un verdadero cambio en tus hábitos alimenticios, una real transformación en tu vida y la de tus hijos.
Sabemos que ya has pasado por esto: una dieta de los 13 días, la de la luna, la de la toronja, etc.  Llegas a tu peso ideal y después regrasas a donde estabas, es frustrante. La verdad es que nos engañamos pensando que cumpliendo la dieta de 13 o hasta de 30 días, todo va a cambiar, pero volvemos a nuestra antigüa forma de vida y nos damos cuenta de que no es así. Entonces piensas: nunca voy a poder cambiar, ó, mi hijo(a) ya es así; me siento triste y como igual o más de lo que ya comía y mi cuerpo y/o el cuerpo de mi hijo(a) lo resiente.

 
Es necesario hacer conciencia de lo importante que es lo que pensamos, cómo nos sentimos y cómo actuamos, para poder realmente iniciar un proceso de cambio. Si la forma en que acostumbramos a alimentar a nuestros hijos, las dietas que hacemos, lo que les decimos y cómo actuamos, no nos ha funcionado, entonces dificilmete nos darán resultado en algún momento, es tiempo ya de buscar nuevas opciones, ¿no lo crees?

En Nutrintegra sabemos que los cambios no se dan solos, tenemos que integrar una buena alimentación, apoyo emocional y sobretodo compromiso.

El ser humano es maravilloso, completo, prefecto y somos la única especie que no actua sólo por instinto. Tenemos cuerpo, además pensamos y sentimos, todo en conjunto. No podemos saparar nuestra mente de nuestras emociones y de nuestro cuerpo, por lo tanto, si una de éstas falla, lo que sigue es que otra falle. Es decir, si como alimentos pesados que no me nutren correctamente, mi cuerpo se siente cansado y sin energía, tengo poca tolerancia y probablemente me enoje, y mis pensamientos solo pueden ser negativos.

Observa esta imagen, si la mente da vueltas, la emocion se mueve y el cuerpo también, si uno de estos engranes falla los demás también fallarán. Somos seres completos.  

Te daré algunos ejemplos para que lo entiendas mejor.

Te levantas y PIENSAS: Hoy es un día perfecto, todo está en orden, te ves en el espejo y te dices algo bello, como "¡Que bien me veo!", todo lo que esperabas ese día se acomoda a tu favor, en tu casa, trabajo, con tu pareja, tu familia, tus amigos, contigo mismo, todo es maravilloso.
Haz conciencia, sí todo la mayor parte de tu día fue así: ¿Cuáles crees que fueron tus acciones? ¿Tal vez te cuidaste?  ¿Cuáles crees que fueron tus emociones? ¿Alegría, felicidad, tranquilidad?  ¿Cómo crees que estaba tu cuerpo? ¿Con energía, vital, hermoso?

Ahora, te levantas y PIENSAS: ¡Qué horror, otro día mas!; te levantas y te golpeas el dedo del pie contra la cama, te ves en el espejo y piensas "¡Qué horrible estoy!",  Nada fluye, tu actitud es pésima y por lo tanto todo te sale mal.
¿Cuáles crees que fueron tus acciones? Tal vez comiste mas de la cuenta. ¿Cuáles crees que fueron tus emociones? ¿Tristeza, decepción, enojo? ¿Cómo crees que estaba tu cuerpo? ¿Sin energía, cansado, inflamado?

Nosotros creamos nuestra realidad, de tí depende lo que quieres lograr, es importante que sepas que no todo lo que vives es así, porque así tenía que ser, así ha sido siempre y así será. Nosotros como humanos tenemos la capacidad de reinventarnos, gracias a nuestros pensamientos.

Depende de tus pensamientos y tu actitud ante la vida con todo y sus adversidades, como quieres estar. Lo importante es que ahora sabes  que es TU DECISIÓN.

1/12/2012

La Familia: Clave en el Manejo de la Obesidad Infantil.


La obesidad infantil es un problema que aumenta rápidamente a nivel mundial. En Estados Unidos existen cifras de que un 13.9 % de los niños entre 2 y 5 años de edad, un 18.8% de los niños entre 6 y 11 años de edad y un 17.4% de los adolescentes entre 12 y 19 años de edad padecen obesidad. Son cifras importantes y la tendencia va a la alza. Los gobiernos de los distintos países se encuentran haciendo esfuerzos en el campo de la investigación, buscando soluciones para este problema, dado que implica un gasto fuerte en materia de salud pública. Pero además de esto y lo más relevante en cuestiones de salud, es que muchos de estos chiquitos, de no hacerse nada, terminarán siendo adultos jóvenes, incluso adolescentes, con alto riesgo de desarrollar enfermedades como Diabetes Mellitus, Hipercolesterolemia (alto colesterol en sangre), Hipertensión Arterial, siendo todos estos factores para desarrollar enfermedad cardiovascular.

La clásica explicación de que la obesidad se debe a un exceso de energía (calorías) obtenida a partir de los alimentos, contra un deficiente uso de la misma (falta de consumo mediante la actividad física) se acompaña recientemente de muchas otras posibles explicaciones al problema. En el campo de la medicina se buscan factores genéticos, inmunológicos, y bioquímicos, que influyan en la tendencia de algunas personas a la obesidad. Y hay mucho cocinándose en la olla de la ciencia, sin embargo, todavía estamos lejos de muchas respuestas o de la elaboración de fármacos, que milagrosamente nos quiten lo “gordito”. De lo que sí tenemos respuestas cada vez más contundentes, en el caso de la obesidad infantil, es del hecho de que la familia juega un rol muy importante para un satisfactorio tratamiento del niño.

Desde la década de los 90’s se ha iniciado una serie de investigaciones sobre cómo la dinámica familiar tiene relación con la obesidad infantil. Se ha podido dilucidar que las intervenciones terapéuticas, que involucren al seno familiar entero, se traducen en mejores respuestas al tratamiento del niño. Dicho de otra manera, aquellas familias en las que todos los integrantes modificaron su estilo de vida, dio por resultado mayor éxito para que el niño siguiera el tratamiento, y por tanto, alcanzara sus objetivos. Esto tiene una sencilla explicación. Como humanos, somos influidos por el ambiente y si somos humanos en formación, es decir, niños, somos todavía más susceptibles a que los cambios que se experimenten en nuestro entorno nos afecten.

Se sabe que en el fondo del sobrepeso y la obesidad yace un elemento emocional muy importante. La ansiedad, el estrés, los conflictos no resueltos, los cambios inesperados, son generadores de angustia y muchas personas tienden a manejar la angustia tomando conductas que distraigan, reemplacen o encubran los problemas, como comer o comprar compulsivamente. Es por eso que es muy fácil ir a parar a la puerta del refrigerador cuando lo que tenemos en el estómago no es hambre, sino un vacío emocional que no sabemos identificar como tal.

 


Es muy común que el niño con sobrepeso sufra ansiedad y angustia, pues estos niños son muchas veces objeto de comentarios que dan directo en el blanco de la autoestima. Es de esta manera que podemos entender el famoso círculo vicioso comer-deprimirse-comer.
Cuando la angustia no se resuelve o no se canaliza adecuadamente, el “hambre” que es más bien apetito, tampoco desaparece y se cae fácilmente en la tentación de llenar el vacío con un bocado, o dos, o tres.

La forma en cómo la terapia familiar ayuda al manejo del sobrepeso y obesidad infantil es identificando los problemas, abordándolos en cada aspecto y haciendo conscientes a los padres de su rol no sólo en el origen del problema, sino más importantemente, en la solución del mismo. Es por lo tanto, indispensable ver debajo de la punta del iceberg, que viene siendo la obesidad del niño, y mirar hacia la base, que es donde se origina y partir de ese punto hacia un manejo multidisciplinario, que trata a la vez la salud, la nutrición y las emociones del niño. 



En el manejo integral de la obesidad se debe cuidar la mente, el alma y  el cuerpo, pues como seres humanos somos una totalidad, en la que los diferentes elementos se entrelazan y se afectan entre sí. Recordemos que somos como el mecanismo de un reloj de pared, en el que cada esfera de nuestra vida viene representado por un engrane. Un engrane sería nuestra mente que genera pensamientos, otro sería el del alma, donde residen las emociones y sentimientos y el otro engrane sería el de nuestro cuerpo. Si nuestra mente genera pensamientos negativos, tendremos emociones negativas y estas pueden afectar a nuestro cuerpo. ¿Cómo si no así, es que podemos explicar el hecho de que hoy día se asocie al estrés  como causante de tantas enfermedades? Al igual que el reloj, el movimiento de un engrane generará el movimiento del otro y si uno de nuestros engranes se atasca, el mecanismo se entorpece y puede incluso atascarse por completo. 

En el caso particular de la obesidad infantil, un adecuado tratamiento implica una modificación de estilos de vida de la familia completa, no sólo centrarse en el niño. De esta manera, si se desean alcanzar mejores resultados, se deberá dar igual importancia a la educación nutricional, a la promoción de una vida físicamente más activa y a la resolución de las tensiones del entorno familiar. Se deberá, como padres, de acompañar al niño en el proceso de cambio, tendiéndole una mano cálida para los momentos en que el terreno se torne pedregoso y, al mismo tiempo, representando el ejemplo que le dé luz a su camino.

Si estás interesado en conocer nuestro servicio de consulta Nutricional y de Psicoterapia, o en tomar alguno de nuestros talleres, contáctanos. 
Tel. (669)9852424 o escríbenos a: contacto@nutrintegra.com

1/02/2012

Cuando lo que está detrás de comer NO es hambre...


Nuestra vida es lo que percibimos como tal, lo que "heredamos" desde el día en que llegamos a este mundo, ese fondo en el que crecimos y lo que nosotros mismos hemos ido "modificando" al crecer. Sentimos y pensamos como producto del programa que desde chiquitos se ha metido en nuestra computadora mental. Somos en gran parte producto de nuestro medio ambiente, nuestra familia, nuestra historia personal.

Así vamos por la vida, en un continuo sentir, pensar y hacer que se involucran todos entre sí. Es difícil concienciar hasta qué punto lo que nos afecta viene suscitado por lo que vivimos y sentimos en nuestra infancia, e igual es difícil saber, hasta que punto lo que sentimos afecta a lo que hacemos. Requiere mucha introspección, ver hacia dentro de nosotros mismos, darnos el tiempo para conocernos y reconocernos como lo que realmente somos para poder llegar a muchas de estas respuestas.

Lo que sí se sabe es que gran parte de lo que hacemos, como por ejemplo comer, está influenciado por nuestras emociones. La tristeza, el estrés, la ansiedad, el enfado, la ira, el aburrimiento pueden generarnos vacíos en el alma que terminan por llevarnos al refrigerador, como si para llenar el espíritu necesitáramos llenar el estómago. Asociamos inconscientemente nuestro estado anímico y muchas situaciones con la comida.  Por ejemplo, ¿cuántas veces hemos asociado la época de verano con tomar un helado, la de frío con un chocolate caliente, las situaciones de éxito con una comida para celebrar, la convivencia familiar con una buena película acompañada de palomitas de maíz o pizza?

Y esto suele ser inconsciente, parte del programa que se reproduce en automático, porque así lo hemos aprendido. Y de la misma manera, muchas veces cuando hay tristeza y vacío en el alma, recurrimos a lo primero que está a mano detrás de la puerta de la alacena. La pérdida de un ser querido, una relación amorosa rota, el desempleo, un sueño no realizado son situaciones en las que fácilmente las personas se sienten desmoralizadas y pueden caer en acciones que distraigan esos sentimientos, como comer por comer, es decir sin hambre física, pero con "apetito" mental y espiritual.

Es muy importante tratar de hacer conscientes nuestras emociones en torno a nuestra alimentación, si en verdad queremos lograr perder peso. El estrés que sentimos tiene la capacidad de afectarnos en muchas esferas de nuestra vida. La próxima vez que abras la puerta del refri, trata de pensar si realmente es hambre lo que sientes, sobre todo, si hace relativamente poco tiempo que comiste la última vez.

De igual manera, nuestros niños, están viviendo en base al programa que les estamos introduciendo cada día. Nuestras acciones, palabras, trato para con ellos influyen notoriamente sus vidas. En ocasiones, sin darnos cuenta, esas palabras que les dirigimos pueden causarles huellas que quedan para toda la vida. Como padres y adultos debemos tomar consciencia y responsabilidad sobre el hecho que mucho de lo que nuestros hijos son, hacen y sienten es producto de nosotros mismos. No podemos hacer responsables a niños pequeños de muchas de las acciones que ellos toman.

¿Hasta qué punto tenemos que ver nosotros los padres en la forma de comer de nuestros hijos? Es muy necesario plantearse esta pregunta si en casa estamos atravesando algún problema relacionado con la alimentación de nuestros pequeños. Se debe analizar cómo ha sido su alimentación desde bebés hasta este momento. Muchos de los niños que hoy sufren sobrepeso fueron bebés a los que se les calmaba el llanto con un biberón. Muchos de estos niños también fueron aplaudidos cuando comían de acuerdo a la manera en que sus padres y/o sus abuelos esperaban que comieran. ¿Y ahora cómo ponemos reversa?

Llamar a tu hijo "gordito hermoso", "panzón", "tragón simpaticón" puede impactarlo para siempre, y no necesariamente en forma positiva. Y tampoco son precisamente las palabras que el o ella necesita oir para incentivarlo a cambiar su forma de comer.

Te invito a pensar en todo esto. A pensar en tí como el ser completo que eres. Eres cuerpo y alma y tu alma necesita alimento. Necesitas amarte, mimarte, creerte todo lo que vales. Saber que tus necesidades emocionales son tan, o incluso más importantes que las físicas. Que si tu alma no está satisfecha, es factible que lo quieras compensar comiendo o haciendo otras cosas que llenen esos vacíos.

Igualmente, como padre o madre, te pido que analices cómo es el entorno en tu familia. Con plena honestidad y objetividad analiza qué sucede en casa que pueda estar afectando a tus hijos. Que recuerdes que cada hijo es diferente y habrá quien canalice sus sentimientos de tristeza y soledad siendo rebelde, llamando la atención y habrá también aquel que degluta su ansiedad y enfado junto con un bocado. Que no dicen que "las penas con pan son menos".... qué cierta parce esta frase, ¿no lo crees?

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