12/26/2012

Factores de Riesgo para el Sobrepeso y la Obesidad Infantil.


La tendencia al sobrepeso y obesidad que vivimos en la actualidad se origina en diversos factores. Sabemos que la vida moderna nos lleva a estar en un continuo acelere, yendo de aquí para allá; hombres y mujeres trabajando para lograr el sustento, o una mejor calidad adquisitiva, lo que se traduce en estrés y una sensación de falta de tiempo y agotamiento constantes. Ante una situación como esta, el tan importante hábito de comer parece haber tomado un plano secundario para muchas personas, quienes en numerosas ocasiones sacrifican la calidad de los alimentos que consumen a cambio de un poco más de tiempo o comodidad, o bien a manera de un placer pasajero que distraiga sus ansiedades y les apacigue el espíritu. El resultado es un consumo desmedido de productos de manufactura rápida, alta densidad calórica, pobres en nutrientes y ricos en grasa, azúcar y sal.

Lamentablemente, el problema no sólo afecta a los adultos que consiguen el alimento en casa, sino a muchos de los pequeños que viven en esos hogares donde los hábitos alimenticios son deficientes, quienes también aprenden a encontrar en la comida el refugio a la soledad que experimentan por tener padres y madres trabajadores, pero frecuentemente ausentes.

Aquí algunos de los factores de riesgo para el desarrollo del Sobrepeso y Obesidad Infantil.
* Dieta. el consumo regular de comidas altas en calorías y grasa como la comida rápida, los productos fritos, las golosinas, pastelillos y frituras de maquinita ayudan a que los niños suban de peso. Además, es bien sabido que el consumo de bebidas azucaradas como jugos artificiales (tengan o no pulpa de fruta) y sodas, postres, dulces y caramelos causan ganancia de peso.

* Falta de ejercicio. Los niños que pasan sus tardes frente al televisor, jugando video juegos o viendo programas gastan pocas calorías debido a la falta de actividad física. El exceso de calorías consumidas y el pobre gasto en actividad física, llevan al acúmulo de grasa corporal y por lo tanto, al aumento de peso.

* Factores familiares. Las costumbres en casa, como el comprar comida rápida o productos de tienda de conveniencia como papitas, galletas, hotdogs, será muy fácil que el niño lo aprenda y lo imite favoreciendo el sobrepeso. Los padres son ejemplos y los niños aprenden más de lo que ven que de lo que se les dice.

* Historia familiar. Contrario a lo que mucho se dice sobre la herencia, si en una familia existe sobrepeso en varios integrantes, es muy probable que se deba más a los hábitos alimenticios y al bajo grado de actividad física que a factores genéticos, aunque la genética pueda también tener cierta influencia. Independientemente de esto, un ambiente obesogénico, es decir que favorezca el desarrollo de sobrepeso, puede propiciar aumento de peso en el niño.

* Factores psicológicos. Algunos niños, igual que muchos adultos, pueden utilizar la comida como medio para lidiar con sus emociones y problemas como el estrés o el aburrimiento. Es frecuente encontrar que los padres de estos niños se comportan de la misma manera.

* Factores socioeconómicos. La situación económica influye de manera que algunas familias compren sus alimentos en base a su capacidad adquisitiva, consumiendo productos de mayor duración como cereales, galletas o bollería alta en grasa, azúcar y sal. Estos productos son de fácil conservación y suelen ser económicos.

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10/30/2012

El Hambre Emocional... ¿qué es y cómo alimentarla?


¿Alguna vez te ha ocurrido que tras un día pesado o una situación estresante terminaste comiéndote una caja de galletas o un enorme chocolate sin siquiera tener hambre y que al término de tu escapada glotona te diste cuenta y te sentiste mal por tu hazaña? No eres la única persona que ha vivido esto. De hecho, muchos de nosotros hemos, en repetidas ocasiones, terminado frente al sillón viendo el peor programa en la TV acompañados de cualquier “botana” o escondidos detrás de la puerta del refrigerador comiendo a manera de sentir tranquilidad.

¿Por qué comemos así?

Las situaciones estresantes, las emociones negativas como el enojo, la tristeza, el aburrimiento, los celos, la frustración, la ansiedad generan sensaciones en nuestro cuerpo y muchas de estas pueden sentirse en el centro del abdomen. De ahí que cuando se les pregunta a las personas, muchas responden que estas sensaciones se sienten como hambre. Desafortunadamente y como es evidente, comer no alivia estas tensiones. Por el contrario, tras una comilona de este tipo, la gran mayoría de la gente se siente aun peor, desanimada y decepcionada por sus acciones, viene la culpa y las emociones negativas solamente se acentúan.

El por qué hacemos esto responde de diferentes maneras para cada persona. Algunos de estos patrones de conducta alimentaria los aprendimos desde niños. “La nieve de chocolate tras el logro académico”; “el paseo dominical con la familia acompañado de pastel y malteada;” “las galletas de canela que la abuela preparaba cuando estaba enfermo”, “el caramelo cuando estaba triste”, etc. La lista es infinita y varía para cada quien. Lo que sí es verdad es que es entendible que en ciertas comidas encontremos consuelo para las dificultades.

Los medios de comunicación favorecen la venta de estas comidas de consuelo como las galletas, chocolates, bollería, etc. y en sus comerciales vemos la felicidad que despierta en los actores el consumir un determinado alimento. Recordemos frases como “Haz una cara Hellmann’s” o “En OXXO queremos verte feliz… pregunta por la promoción de nachos + refresco por tan solo X pesos…” o bien, “Los Pingüinos Marinela son doble placer sabor a chocolate”, sólo por mencionar algunos ejemplos. La mercadotecnia hace su función en la mente de los consumidores.

También en el contexto en el que vivimos es común escuchar que otras personas comenten del placer que les genera el comer. Y el mensaje aquí no es que la comida no deba de dar placer. Al contrario, es conocido que una de las funciones de la comida es el proporcionar satisfacción, pero no es la única, ni la más importante. El desbalance sucede cuando vemos a la comida únicamente como fuente de placer y como remedio a los malestares que se originan en otros lados distintos del estómago. Entonces, la solución sería comer cuando en verdad tenemos hambre y en la medida justa, disfrutando nuestros alimentos y revisando en lo más profundo de nuestro ser si hay otras cosas que deban también de ser atendidas. Recordemos que nuestros hijos nos están observando y aprenden de nosotros.

¿Qué podemos hacer?

Curiosamente muchas personas comentan que cuando  comen por estrés o cualquier otra emoción  desagradable,  casi siempre se dan cuenta de que no tenían hambre hasta que han comido y cuando se despierta el remordimiento por haberlo hecho. Es decir, ha sido una situación en la que estaba inconscientes, distraídos, desconectados de sus propias emociones, actuando en automático, un patrón repetido: “Siento como que tengo hambre y voy y como, pero luego me doy cuenta que no era así.”

Entonces, si el origen de estos eventos está en esa inconsciencia, lo que se puede hacer es precisamente poner atención. Hacer una pausa para romper ese condicionado patrón de hacer sin pensar y checar con nuestro cuerpo y con nuestro espíritu que está pasando ahí, en este momento.

Se dice fácil, pero toma el esfuerzo y el tiempo para ir haciendo conciencia cada vez que sintamos el impulso de comer. Afortunadamente, como muchas otras cosas en la vida, con la práctica y la constancia esta revisión personal de nuestras verdaderas necesidades, el consultar con nuestro corazón y nuestra mente cómo están, se va haciendo cada vez más sencillo, se convierte en un hábito y en un mayor conocimiento de nosotros mismos.

¿Y cómo puedo responder a esas sensaciones físicas producto de mis emociones? En otras palabras, ¿cómo me quito ese “hambre” sin comer?

Si identificamos que algo no anda bien con nuestras emociones, que estamos atravesando una situación difícil que nos genera estrés o preocupación y estamos sintiendo constantemente la necesidad de comer, valdrá la pena ver si nosotros podemos atender esas emociones o si necesitamos ayuda profesional con algún terapeuta.

Algunas de las cosas que nosotros mismos podemos hacer para sentirnos mejor, aliviar la tensión, disminuir el estrés tienen que ver con cuidarnos y consentirnos. Aquí algunos ejemplos:

1.- Realiza una actividad física de tu agrado. El movimiento sirve para canalizar esa energía negativa y disminuir la ansiedad y las preocupaciones. El Yoga, la caminata, la natación son excelentes ejemplos. En realidad la mejor opción es la que tú disfrutes.

2.- Realiza alguna actividad creativa o artística: la música, la pintura, la escultura, las manualidades son alternativas para despejar la mente y centrar la atención en algo a lo que tu le das vida.

3.- Disfruta la naturaleza. Nada como un fresco amanecer o un lindo atardecer; observar las estrellas, sentarnos junto al lago, pisar la arena, observar la luz filtrarse por las ramas de un árbol. Hay mil fotografías instantáneas ahí afuera que despiertan paz y tranquilidad al observarlas, sólo se requiere de tu tiempo y atención para aprovecharlas.

4.- Masaje relajante, aromaterapia, baño de burbujas… todos estos pequeños regalos que nos merecemos y deberíamos de obsequiarnos de cuando en cuando. No tienes que gastar fortunas, en tu misma casa puedes crear tu propio Spa y sumergirte en un delicioso momento de auto-cuidado.

5.- Bebe un té delicioso o una taza de café (si no padeces gastritis), o un vaso de agua con unos rodajas de limón o pepino. A veces una bebida calientita, o bien una refrescante, es lo único que se necesita para tranquilizar el espíritu.

6.- Medita. Regresa a tu respiración con toda tu atención. Date ese momento que tanto te mereces para entender que dentro de ti está la capacidad de transformar tus emociones. Los puntos de arriba funcionan precisamente porque tienen que ver con llevarte al aquí y al ahora, para correr, pintar o deleitarte con la naturaleza necesitas estar presente y atento. Cuando sea difícil salir o ponerte a crear arte, recuerda que te tienes a ti mismo y tu respiración siempre te acompaña, ánclate en ella al presente y disfruta la paz que se genera en cada inhalación y en cada exhalación.

¡Amate y vive cada instante. La vida es lo único que verdaderamente tenemos!

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10/28/2012

Los padres y la imagen corporal de sus hijos.


La imagen corporal es la manera en como uno se percibe a si mismo. Es esa idea que cada quien tiene de su cuerpo. Se dice que una imagen corporal es positiva si corresponde con la realidad y la persona se siente bien consigo misma y que es negativa si esto no es así. Todos tenemos pensamientos y sentimientos con respecto a nuestra apariencia y aunque pudiera pensarse que esas ideas son personales y no relacionadas con los demás o con el entorno, sucede precisamente lo contrario.


Nuestra imagen corporal es una idea que venimos formando desde nuestra infancia. Los mensajes que llegan del exterior son recibidos e internalizados por los niños y es algo un poco más complejo que decirle "eres hermoso" o "estás feo". Las expresiones, los comentarios, las críticas que los padres hacen sobre ellos mismos y sobre los demás va determinando la imagen que el niño se forma de lo que es bello y lo que no lo es y en consecuencia de lo que está bien o mal en él. Comentarios como mi enanito precioso, cachetoncito lindo, piecitos chuecos, gordita hermosa, cabezón inteligente, orejón simpático, etc., etc. son interpretados más en el sentido negativo que en el afectuoso.

Asimismo, una madre que vive a dieta, inconforme con su figura, o un padre muy riguroso en cuanto a la apariencia de su mujer, de si mismo o muy crítico del físico de otros están, quizá sin darse cuenta, enviando mensajes a sus hijos. Recordemos que los niños aprenden más de lo que ven, que de lo que oyen. La actitud de sus padres, las ideas que manifiestan sobre lo que es la belleza, la información que reciben de los medios de comunicación, lo que observan en el entorno influyen su forma de pensar. Cuando los mensajes son directamente sobre su apariencia física, este impacto es todavía mayor.


La imagen corporal es importante en tanto que tienen mucho que ver con la autoestima. Una persona que tiene distorsionada su imagen corporal habitualmente tiene una autoestima baja. Por el contrario, aquella persona que tiene una imagen corporal positiva, conoce que su valía no depende de su aspecto físico. En el caso de los niños, muchas veces  no entienden estos conceptos y no saben por qué se sienten como se sienten. Lo que sí es evidente es que el niño con alta autoestima tiene una de las mejores herramientas para enfrentarse a la vida.

En el tiempo en el que vivimos la información fluye practicamente sin restricciones, los medios de comunicación facilitan la difusión de ideas contradictorias sobre bienestar y belleza. Por un lado nos bombardean con imagenes estereotipadas de belleza, nos cuentan cómo es la vida de una persona exitosa, nos dicen que para tener felicidad debemos de tener o ser de tal o cual manera. Por otro lado nos promocionan una enorme cantidad de "alimentos" que tiene mucho de colorido y forma y poco valor nutricional. Y coronan la confusión de sus mensajes cuando son los artistas de moda o los atletas destacados de cada país los que consumen estos alimentos.

Debemos explicar a nuestros hijos lo relativo que es el concepto de belleza, la influencia a la que estamos expuestos por todas estas compañías que se dedican a la venta de productos y artefactos "para conseguirla". Debemos estar pendientes de los mensajes que reciben nuestros hijos, pero sobre todo, de cómo los interpretan. Querer evitar que se expongan a la TV y los medios masivos de comunicación o el internet, o que no convivan en el entorno en el que están creciendo sería un tanto irreal y poco asequible.

Sin embargo, para poder transmitir este mensaje tenemos que empezar por nosotros mismos. Revisar cómo es nuestra propia imagen corporal, cómo es que nos percibimos, qué tanto es que nos valoramos y en qué basamos ese valor. Recordar que nuestros hijos son seres independientes de nosotros, que por haber nacido de nosotros debemos amarlos, educarlos y guiarlos, pero no podemos vivir a través de ellos, ni debemos pretender que serán ellos quienes cumplirán nuestros sueños o anhelos no logrados. Entendiendo que nuestra propia forma de pensar también es producto de un gran bagaje familiar y cultural, podremos darnos cuenta que no todos pensamos igual  y que el concepto de belleza es personal y por lo tanto subjetivo.

Quienes amamos profundamente a nuestros hijos jamás haríamos algo que los hiciera sufrir. Desafortunadamente a veces lo hacemos sin estar conscientes de ello. Darnos cuenta de esto y rectificar es una acto de humildad y de profundo amor. Motivar a nuestros hijos, aceptarlos tal y como son, fomentar sus cualidades más que señalar sus dificultades será el mejor mensaje para que su autoestima y su imagen corporal sean positivas. Finalmente, será su propio caminar por la vida el que vaya dando forma a su autoconcepto y autovalía, será su propia experiencia las que les permita definir quiénes son y de qué son capaces. Sin embargo, si en su recorrido por esta vida van con una bolsa llena de herramientas como el amor, la autoestima, la confianza en sí mismos, seguramente podrán salir victoriosos de cualquier bache del camino...

9/26/2012

Consejos prácticos para comer con Conciencia Plena.


Existe abundante información sobre dietas y programas para perder peso, todos los que hemos intentado bajar de peso sabemos esto. Es común que las personas inicien su dieta con la mejor de las intenciones, pero al paso de unos cuantos días, muchas de estas personas abortan la misión y como resultado surgen sentimientos de culpa, de fracaso y como es de esperarse, la báscula vuelve a marcar el peso original, si no es que unos gramos más que al inicio. Este insostenible y enloquecedor estilo de vida de entrar a una dieta y salir de ella y entonces probar otra y otra y otra más, puede generar en la persona una sensación de cansancio, culpa, frustración y desesperanza, “por qué no tengo fuerza de voluntad?” “otra vez mandé la dieta a volar”, “ya fallé de nuevo”, son algunos de los pensamientos que cruzan en la mente de quien ha intentado en repetidas ocasiones bajar de peso, sin conseguirlo exitosamente, pero la realidad es que muchas de estas dietas no funcionan.

Y las dietas milagro, relámpago, express o como les quiera llamar no funcionan, porque no están diseñadas para funcionar. La gente termina por cansarse de seguir un régimen impuesto. La mejor forma de conseguir un peso saludable, que se acompañe de satisfacción y voluntad para mantener los logros es aprender a comer poniendo atención a lo que se come y a cómo se come. A esto se le llama ALIMENTACION CON CONCIENCIA PLENA.

Cuando se practica en forma regular, la alimentación con conciencia plena nos ayuda a resaltar cada aspecto de nuestra existencia, a disfrutar no sólo de los alimentos, sino de cada momento que cruza nuestra vida y por ende, se convierte en un estilo de vida que se perpetúa.

9/03/2012

El poder de decir "No".


A la hora de tener que decidir si habremos o no de comer algo, pensando en si es conveniente para nuestro cuerpo desde el punto de vista de salud y cuidado del peso, atrevernos a decir “no quiero comer tal cosa” es preferible a decir “no puedo comer tal cosa”. Veamos. Decir no quiero, rechazando la idea con determinación nos coloca en una situación de control sobre nuestras decisiones, mientras que decir “no puedo” ya sea porque se está bajo un plan de alimentación saludable guiado por el nutriólogo, o porque nosotros mismos hemos decidido comer mejor, nos coloca en una situación de imposibilidad, de deprivación y por tanto de insatisfacción. Aun cuando ambas frases tengan por detrás la idea de que evitar tal o cual alimento es para nuestro bienestar, decir “no puedo” pudiera inconscientemente hacernos sentir negativamente y con la sensación de deseo del alimento.

Los juegos de palabras, que pudieran parecer bobos, verdaderamente tienen impacto en lo que pensamos. Y como bien sabemos, lo que pensamos afecta lo que sentimos y la forma en cómo reaccionamos. Es probablemente el hablar así y pensar así, lo que muchas veces termina por jugarnos chueco a la hora de querer mantenernos firmes en un cambio de estilo de vida. Sentirnos deprivados no es placentero y por lo tanto, eventualmente buscamos la manera de cambiar esa situación y por eso muchas personas abortan la misión y dejan cualquier cantidad de “dietas” a la mitad, o bien, tan pronto consiguen el peso deseado, se entregan al placer de comer aquello que tanto anhelaban.

Tener antojo por ciertos alimentos, en particular aquellos ricos en grasa, azúcar y sal, pudiera ser explicado por la teoría que lo liga a nuestra evolución. Teóricamente, estos alimentos eran los que permitían que los seres humanos, en sus largos andares de un lugar a otro, pudieran asegurarse la suficiente energía en los momentos en los que el alimento escaseaba. Desafortunadamente, la comida ya no escasea de esa manera, de hecho, podemos encontrar alimentos naturales y artificiales prácticamente en cada cuadra de cualquier ciudad. Sin embargo, nuestra evolución es lenta y nuestros cuerpos no se han adaptado al alto consumo calórico que tenemos, por lo que en lugar de desechar toda esa energía, la acumulamos como grasa corporal. Y el exceso de grasa corporal nos lleva al sobrepeso y a la obesidad.

8/15/2012

Comiendo con Atención Plena y con Placer.


Todo cambia, todo se transforma... la historia de la humanidad nos presenta repetidas veces cómo lo que antes era común y normal, ahora es un recuerdo. Y cambiar no es malo, ni bueno... Cambiar es el producto de una naturaleza que evoluciona y se adapta. Lo bueno o lo malo sólo depende de cómo nos afecte. Supongo que si un cambio nos trae beneficios, entonces es bueno. Lo contrario también sería cierto... analicemos en forma general lo que ahora mismo sucede con nuestra relación con los alimentos, a nivel global.


Antes la gente tomaba un tiempo para comer, reunidos en la mesa, la familia entera (habitualmente) aprovechaba la hora de comer para convivir y conversar, era el tiempo de comunión familiar. Ahora eso no se ve en todos los hogares, ni todos los días. Comer ya no es prioridad, en el sentido de que ahora lo hacemos dónde, cuándo y cómo podemos.... juntos o aislados, en la casa o en el carro, en 1o minutos por promedio... Sin embargo, por comer como comemos, somos una sociedad llena de gente obesa, cardiópatas, diabéticos, hipertensos.... tenemos menos tiempo para comer, pero más comida... más tecnología, pero menos consciencia ambiental, más recursos, pero más enfermos... Somos dueños de muchas cosas, pero no de nosotros mismos, controlamos la genética, pero no nuestra mente.


Así, situados en nuestro tiempo presente, tenemos que muchas personas luchan día con día con la comida... cuando la lucha realmente debiera de dejar de ser lucha y convertirse en una transformación gradual y la comida, por su parte, que finalmente descansa inocentemente y sin causar problema en el refri o en la mesa, no debería de ser un motivo de preocupación. En lugar de eso, sería mucho más sencillo si empezáramos por entender que gran parte de lo que hacemos en nuestro diario vivir viene dado por una falta de conocimiento de nosotros mismos, de nuestras emociones y por una desconexión entre lo que pensamos y hacemos... o quizá sea porque ni siquiera nos damos el tiempo para verdaderamente pensar lo que hacemos.


En esta dualidad constante que presenta por un lado la intención de comer sanamente y cuidar el cuerpo, y por otro lado la falta de tiempo y la poca voluntad ante las "tentaciones", muchas personas terminan por olvidarse de sus intenciones y darse a la tarea de comer inconscientemente, lo que sea, en dónde sea y en tal cantidad que se pasa de la saciedad al hastío y a una velocidad tal que la mente ni se da cuenta de qué, ni de cuánto se comió, por lo tanto el placer que provee la comida pasa en gran parte desapercibido y una mente "no satisfecha" sigue buscando. Y entonces luego surgen pensamientos como: "¡Total que mañana lo intento de nuevo!" Y luego vienen los remordimientos, la sensación de fracaso y falta de control, y por lo tanto, la lucha contra la comida, la ansiedad y el malestar físico y mental inician de nuevo.


Afortunadamente sí somos dueños de nosotros mismos, de nuestros actos y de nuestra mente. En el momento en que lo decidamos podemos tomar el control sobre nuestras acciones y nuestro destino. Comer con consciencia y con placer significa poner las cosas en perspectiva, hacer las paces con los alimentosdarle a la comida la importancia que tiene, ni más, ni menos. Hacer las paces con nosotros mismos, dejar de ser tan autocríticos, pero sin llegar a ser irresponsables o inconscientes. Es decir, todos necesitamos comer, pero hay que re-aprender a hacerlo con paz, con equilibrio, con placer. No se trata de comer en una sentada como si buscáramos almacenar para toda una vida, ni tampoco se trata de prohibirnos aquellos alimentos que nos dan tanto placer. El secreto está en el punto medio, en el equilibrio, en la consciencia.


Aquí algunos tips para comer con consciencia y disfrutando al máximo.


1.- Tómate un tiempo para comer y hazlo un momento especial. Ciertamente los alimentos proveen satisfacción, de ahí que muchas personas buscan comer cuando se sienten ansiosos, tristes, frustrados, asustados o enojados. Cuando comemos a toda prisa, no saboreamos lo que comemos, no logramos percibir la satisfacción que surge de los aromas, sabores y textura de los alimentos. cuando comemos rápidamente no nos sentimos satisfechos y esto nos puede llevar a comer más... ¡más comida en menos tiempo! y en situaciones así lo más seguro es que paremos de comer cuando nuestro estómago está lleno a su máxima capacidad. También, cuando no estamos satisfechos, es más fácil que en poco tiempo después de comer,  ante cualquier situación estresante, busquemos poner algo en nuestras bocas, para distraer esa mente intranquila. Así que búscate un tiempo para comer y si eres el encargado de servir la mesa, hazlo cuál si tuvieras visitas, acomoda tu mesa para que luzca linda, consciéntete y consciente a los tuyos. Y si has de comer en el comedor del trabajo o en casa tu solo, procura que el ambiente sea ameno... no te llenes de preocupaciones en ese especial momento, busca compañía que llene tu espíritu... el alma también siente apetito, dale de comer positivamente.


2.- Come despacio. Mucho se dice que si 20 minutos, media hora, que mastiques 20 veces cada bocado.... mucho se dice, pero nada de eso se dice con certeza plena. Lo que sí es verdad, es que debemos procurar comer lo suficientemente despacio para sacarle a cada bocado todo el sabor, para triturar bien los alimentos y ayudar así a que nuestro sistema digestivo le avise al cerebro que estamos siendo alimentados. Cuando comemos de forma tal que tragamos sin masticar, es más fácil que terminemos comiendo en exceso. Así que come en paz, a un ritmo tranquilo y saboreando al máximo cada bocado.


3.- Atrévete a comer solo. Haz un experimento. Come solo. Mucha gente cree que si la ven comer sola pensarán que es rara y no tiene amigos. Para nada, comer es placentero y puede ser un momento de mucha intimidad. Experimenta comiendo solo, sin distracciones como la tele o una revista y haz el ejercicio de disfrutar cada bocado. Descubrirás sabores que ni te habías dado cuenta que existen. Te sentirás más satisfecho y seguramente te saciarás con menos comida. Una vez que lo hayas experimentado, desearás comer así, aun en compañía de otras personas.


4.- Utiliza todos tus sentidos. Observa, huele, escucha, toca y saborea tu comida. ¿A poco se puede? ¡Claro que se puede! Huele los aromas, escucha los ruidos en la preparación de los alimentos y una vez dentro de tu boca, siente las texturas en tu boca, en tu lengua y tu paladar, esto te llevará no sólo a sentir con el tacto, sino a degustar todos los sabores presentes en los alimentos.


5.- Come a sentirte satisfecho, ¡no a llenarte como para reventar! Dicen los orientales que se debe comer a 4/5 de la capacidad del estómago, que el último quinto nos lleva al doctor. ¡Y parece ser cierto! Cuando comemos a reventar, es muy factible que subamos de peso y el sobrepeso se asocia a muchas enfermedades físicas y mentales. Así que comamos a sentirnos satisfechos... para saber cuando es ese momento, come despacio, utilizando tus sentidos y tómate el tiempo, varias veces mientras comes para checar con tu señor estómago cómo anda todo ahí dentro.


6.- Libérate de la culpa. Cuando comemos con consciencia, sentimos el placer que conlleva alimentarnos, pero estamos atentos de la forma en cómo lo hacemos. En otras palabras, tenemos comunión con la comida, entendemos que nos sirve para alimentarnos y lo hacemos en la medida justa, ni más ni menos.... Muchas personas comen por dos, por tres o por los tiempos de hambruna que pudieran venir si el mundo sufre una guerra.... Hello!!??? mientras no haya guerra y mientras sigamos siendo sólo uno, habremos de comer lo necesario, nada más... si lo hacemos con consciencia, es decir con calma, utilizando todo nuestros sentidos, nuestra mente registrará lo placentero que es comer y no habrá ni preocupaciones ni ansiedad por comer más. ¡Total, salvo que el destino tenga otro plan para tí, ya tendrás otra oportunidad para comer con consciencia y con placer!

¡Buen provecho!

4/13/2012

¿Verdaderamente el sobrepeso de mis hijos es mi responsabilidad? ¡Perosi yo sólo quiero lo mejor para ellos!

¿Será genética? ¿Herencia? ¿Malos hábitos? Si los llevo con el nutriólogo, ¿podrán bajar de peso? Si los meto a clases de gimnasia u otro deporte, ¿les servirá?.

Esta y otras preguntas las hacen los padres cuando existe sobrepeso y obesidad en sus hogares. Y las respuestas varían dependiendo de cada caso, descartando problemas hormonales, genéticos, etc., la respuesta a si somos responsables de la obesidad de nuestros hijos es positiva, ya que esto implica que existen malos hábitos en casa como,  una alimentación mal balanceada, falta de actividad física, horarios desordenados y ejemplos poco positivos.

Los niños aprenden por imitación, cuando llegan a este mundo son como una hoja en blanco, poco a poco se va escribiendo una historia de vida, llena de experiencia y aprendizaje, todo esto influido obviamente por su entorno, donde sus padres toman el papel principal. La madre es la que da el amor, la nutrición y la confianza de ser quien son; el padre es la conexión con el mundo, el cómo socializar y como enfrentar los retos del exterior.
Ahora imagina a tu hij@  a la edad de 4 o 5 añitos. Imagina que es la hora de la comida y todos se sientan a comer. Observa cuidadosamente como si fuera una película, mira cómo se comporta cada uno de ustedes, si platican o sólo se quedan en silencio;  si las pláticas son problemas, o cosas agradables; si cuando comen, lo hacen rápido y sin disfrutar, o tranquilamente y saboreando cada bocado; si terminan todo lo que está en el plato, o dejan lo que no les agrada, y si es así, observa qué es lo que dejan en el plato, ¿son las verduras?; ¿son ustedes, los adultos quienes ponen ese ejemplo? Observa si a la hora de comer reina la paz y la armonía, o si el ambiente es tenso, si se come deprisa para regresar al trabajo, o si simplemente no comen juntos en un mismo horario. En resumen, analiza ¿QUE ES LO QUE TU HIJ@ VE DE TI?.
Analízalo y piensa que todo lo que vio tu hij@ tan solo en ese momento de la comida, es algo que escribirá en su historia de vida.

Es por eso que tienes empezar por ti mismo, a cuidarte, amarte, respetarte y si no lo puedes hacer, se vale pedir ayuda. De ti depende la calidad de vida que quieres tener y al menos ahora, que tu hij@ es pequeño y depende de ti, también es tu responsabilidad  la calidad de vida que el/ella está teniendo. Es tu responsabilidad enseñarle a cuidarse, cuando sea más grande, será su responsabilidad.
Al parecer, las emociones se contagian, es decir, que si tu estado de ánimo es alegre, en armonía, deprimente, obscuro, las personas que te rodean se sincronizan ya que las emociones se influyen mutuamente.
”En la Universidad de Harvard, James Fower y Nicholas Christakis, realizaron un estudio a este respecto, durante 30 años hicieron el seguimiento de 12,000 personas, y concluyeron que las probabilidades de que alguien fuera feliz estaban directamente relacionadas con la felicidad de las personas con las que esa persona estaba conectada. Es decir, tener contacto social frecuente directo con una persona feliz aumenta en un 15% las probabilidades de serlo también.
Otras investigaciones indican que tanto lo positivo como lo negativo se contagian socialmente. Es decir, si alguien fuma los de su alrededor es probable que también fumen y por el contrario si alguien deja de fumar es probable que la gente que lo rodea también lo haga. Lo mismo ocurre con los hábitos de vida saludables, si nuestro mejor amigo hace mucho ejercicio, se triplican las posibilidades de que también nosotros estemos activos físicamente y si su alimentación es variada y saludable, la probabilidad de que comamos alimentos sanos aumenta hasta 5 veces.”  

Margarita Tarragona -Revista Mente Sana.                

Entonces imagina todo lo que como padre puedes imprimir en tus hijos, tanto positiva como negativamente, en sus hábitos y no solo en los alimenticios sino en su manera de VIVIR.
Piensa en todo lo que como padre puedes influir e inicia por ti, tal vez necesites ser más activo, comprar solo alimentos nutritivos, preparar la comida a tiempo, compartir tus sentimientos, platicar mas con tu pareja y tus hijos, reír mas…………REIR MAS.


3/23/2012

La comida... Ni premio, ni castigo




La relación entre nuestras emociones y los alimentos, comienza desde el momento en que llegamos al mundo, cuando nuestra madre nos amamanta. Si lloramos, mamá corre y nos alimenta, ésto es fundamental para nuestra supervivencia; ese acto tan natural nos hace sentirnos seguros y queridos.

Pero ¿cuándo ese acto de amor y cuidado se convierte en algo negativo?                         
Cuando utilizamos la comida como premio o castigo, cuando le damos una conotación diferente. La comida nos sirve para fortalecernos y nutrirnos. Todos sabemos los beneficios de ésta, pero si la cargamos con emociones positivas o negativas, pierde su principal papel, deja de ser natural y se convierte en algo difícil de controlar, puede ser una causa de angustia y enfermedad.

Es habitual que los padres recurramos al clásico “si te portas bien te doy un caramelo”, o “si haces tal cosa luego vamos a comer una hamburguesa”. Seguramente, todos lo hemos hecho alguna vez, pero es un error utilizar la alimentación para premiar o castigar a los hijos.

Es mejor hacerles ver que la recompensa de alimentarse sanamente es que van a crecer fuertes, sanos y evitarán enfermedades. Tal vez creas que esto no les aliente, pero conforme tu hijo se sienta alegre y cómodo con su cuerpo, o incluso pierda peso, el pensamiento de que comer sano es una obligación impuesta por sus padres, cambiará por el de que su persona es tan importante y valiosa, que vale la pena considerarlo y cuidarse a través de una alimentación saludable.


 Premiar con golosinas a los niños los hace pensar que: 
  • Tienen que hacer las cosas siempre bien,  para recibir algo que les guste.
  • Que los alimentos azucarados, los chilitos etc., son reconfortantes y los sanos no merecen ser premios, por lo tanto son malos.
  • Que realizan sus deberes por recibir un dulce al terminar y no porque sea su obligación.
Castigar con alimentos que no sean del agrado de nuestros hijos, por ejemplo con las espinacas, es un error, ya que conseguiremos que nuestros hijos asocien ese alimento con algo desagradable y negativo y jamás lo incluirán en su dieta.

Les quitamos a nuestros hijos la oportunidad de probar nuevas cosas. Las creencias e ideas que crecen en nuestra mente son difíciles de erradicar,  no los llenemos entonces con ideas negativas sobre los alimentos. Pregúntate si esos alimentos sanos con los que "castigas" a tu hijo los eliges porque en realidad es a ti a quien desagradan. Si hay alimentos que no les das por esta razón, les estás quitando la oportunidad de decidir si para ellos son buenos. También cuestiona si tu pones  el ejemplo a tus hijos con tu dieta.
Hacerte estas preguntas te ayudará a analizar que ideas o creencias les estas imponiendo a tu hij@, recuerda que todo lo que hagas por ellos hoy, se reflejará mañana.

¡Sigue adelante!

3/22/2012

Comiendo con consciencia


¿Que tan consciente eres de lo que haces? ¿Te diste cuenta de cada una de las cosas que hiciste esta mañana antes de salir de casa? ¿Podrías enumerarlas?

Muchas veces actuamos en automático, rutinariamente, casi por instinto. Tenemos un programa tan bien establecido, que ya no percibimos conscientemente muchas de las acciones que realizamos en nuestro diario vivir. Con nuestra alimentación pasa lo mismo.

El hambre es una respuesta fisiológica ante la falta de energía. Nuestro cuerpo nos pide que lo alimentemos. El apetito es el deseo de comer determinado alimento. Comúnmente los confundimos y ambos nos llevan a tomar la misma acción, buscar alimento y comer.

El llenado de nuestro estómago y la sensación de saciedad son dos conceptos diferentes. Podemos tener la panza llena y la mente aún "hambrienta". Es común que ambas situaciones estén descoordinadas y sigamos comiendo, a pesar de que fisiológicamente ya no lo necesitemos. Esto lleva a comer compulsivamente.

Una de las herramientas para poder controlar la forma compulsiva de comer de muchas personas, es precisamente mediante la consciencia. Cuando estamos distraídos, apurados, desconectados de lo que hacemos, es fácil que comamos más por apetito, que por hambre. Tomar el tiempo para comer, disfrutar, saborear de los alimentos, nos permite identificar cuándo realmente seguimos hambrientos. Hacer del momento de comer una experiencia grata, favorece que nos sintamos satisfechos cuando verdaderamente hemos comido lo suficiente.

Por este motivo es importante hacer de la hora de la comida un tiempo especial. Comer frente a la tele, la computadora, en el mall, o manejando el carro, no son formas adecuadas para procurarnos nuestra alimentación. Las distracciones se llevan consigo el momento. Y un tiempo que debía ser agradable, pasa completamente desapercibido.

Analiza, por ejemplo, si alguna vez has comido tan de prisa y tan inconscientemente, que cuando miraste tu plato pensaste: "¡Wow, ya me lo acabé y ni cuenta me di!". Cuando esto sucede, es muy probable que el siguiente paso sea ir por más comida. Esto es un ejemplo de una mente que se ha quedado "hambrienta", porque no tuvo oportunidad de percibir lo que realmente estaba sucediendo. Un cuerpo que comió, sin que su cerebro "se diese cuenta".

Para comer con consciencia necesitamos aprender a escuchar a nuestra mente, identificar nuestras sensaciones y atrevernos a conocernos mejor. Es por un lado escuchar a nuestro estómago, pero también atendiendo a nuestra mente, dándole a esta la importancia que merece, satisfaciéndola a través de lo que nos pide.

No quiero decir con esto, que si la mente nos pide que nos comamos un kilo de pastel de chocolate, haremos eso. No, lo que debemos de consultar con nuestra mente es precisamente qué pide y por qué lo pide. A veces lo que pide es un momento de paz; que nos regalemos el tiempo para analizar cómo estamos, qué sentimos; qué deseamos en realidad.

Cuando conectamos nuestro cuerpo con nuestras emociones y nuestros pensamientos, es más fácil que realicemos acciones que favorezcan nuestra salud. Debemos aprender una manera adecuada de alimentarnos y así, conscientemente, poner en nuestro plato y en nuestra boca lo que mejor nos convenga. Esto ayudará a que nos nutramos adecuadamente.


También, así, conscientemente, debemos permitirnos un gusto, un antojo. Liberarnos del pensamiento de culpa, de creer que "hemos pecado", como muchas veces se dice. La culpa sólo genera ansiedad y emociones negativas, que terminan por empeorar una forma compulsiva de comer. Escucharnos, respetarnos y consentirnos es verdaderamente valioso e importante.


La satisfacción con lo que hacemos es lo que permite que la adquisición de un nuevo estilo de vida sea disfrutable, y por lo tanto, perdurable. Así que comamos a consciencia, disfrutemos y aplaudamos cada paso que demos hacia una mejor manera de vivir.

3/14/2012

La importancia de un Lunch saludable en los niños



La conducta de alimentación que hoy en día tienen nuestros niños en edad escolar y preescolar, es de gran importancia, ya que pone a los padres de familia frente al reto de  promover el buen hábito de alimentación saludable y actividades como ejercicio a sus hijos.
El ambiente familiar es el de mayor influencia sobre el niño, por lo que es de suma importancia llevar una buena educación tanto en padres como en hijos, ya que los padres determinan que tipo de alimentos serán consumidos en casa.
La moderación en el consumo de alimentos  (ingesta de kilocalorías) es un factor importante a considerar, sobre todo en estos tiempos en los que somos el segundo país con más niños obesos en el mundo. Es fundamental limitar el consumo de alimentos con un alto contenido de grasa y azúcares refinados; además, es recomendable consumir agua natural  en lugar de jugos de frutas envasados.

Los niños por lo regular gustan de alimentos con texturas crujientes y sabores moderados.
Es importante tomar en cuenta  factores de cómo es el gusto de los alimentos en los niños y tratar de elaborar un menú sano y atractivo para el  en este caso  el lunch escolar sano.

Aunque es un tiempo de comida al que por lo general le restamos importancia, no se debe olvidar que forma parte de la alimentación del día y cubre una parte esencial del requerimiento  nutrimental del niño. La hora del lunch nos permite establecer buenos hábitos a los niños. Combinar siempre los grupos de alimentos es la clave, ejemplo; consumir frutas y verduras , talvez estas no pueden estar necesariamente en el desayuno o en la cena , pero de igual manera la incluimos en nuestra dieta como una colación ( lunch).

Los ejemplos de lunch tienen diferente contenido nutrimental, lo importante es variar los alimentos para que el niño ingiera, junto con el resto de su alimentación, todos los nutrimentos que requiere.

Ejemplos de lunch saludables:

Proteína: Rollitos de pechuga de pavo o ensaladita de atun ó Lácteo: 1 taza de yogurt bajo en grasa.
Cereal integral: 1 barrita integral , galletas marias o galleta saladita

Fruta ó verdura:  jícama, 1 manzana o 2 naranjas, pepino etc.


Otro aspecto a considerar es la seguridad de los niños mientras comen el lunch, por lo que se debe insistir en que se tomen un tiempo y coman sentados para que se concentren en masticar y deglutir de manera adecuada. Los padres deben  supervisar a los niños y cuidar que no consuman alimentos de alto valor calórico como costumbre ejemplo; refrescos (alto en azucares) bebidas envasadas como jugos en lugar de agua, golosinas etc.

Algo muy importante es involucrar a los niños en la preparación de sus refrigerios esto los motiva y tiene la libre elección de consumir alimentos de su agrado saludables , como por ejemplo tomar en cuenta sus frutas favoritas , sus cereales favoritos etc… siempre controlando las cantidades.

Así que no debemos  tomar la ligera este importante tiempo de comida  que es el lunch y dedique algo de tiempo a planear junto con sus hijos refrigerios atractivos y nutritivos.

3/06/2012

La cultura y nuestra forma de comer.


Como mexicanos sabemos que cocinar es una de las actividades más importantes, cumple funciones sociales y rituales determinantes, tales como la instalación del altar de muertos o la fiesta de quince años, el día de la candelaria, día de reyes, día de las madres, los clásicos domingos familiares, etc.
La comida es sumamente valorada como unión familiar. De hecho, es común que las reuniones sociales giren alrededor de la comida. La comida en México es el factor que une a la sociedad; a través de ella se entablan amistades, se conocen parejas, se cierran grandes negocios, se afianzan los lazos familiares o simplemente se disfruta de un buen momento.
Y qué decir de las abuelas, el chocolatito si estas triste, el dulce porque te portas bien, el molito tradicional que solo ella sabe la receta y que el que lo desprecie es mal visto.
Y no podemos dejar de lado que aprendimos a manifestar cariño con la comida, por eso regalamos chocolates, visitamos a los enfermos y les llevamos frutas, celebramos con comidas especiales, entre otros.

En fin, gran parte de nuestra vida gira en torno a la comida, por eso es difícil pensar que podemos cambiar nuestros hábitos, ya que la comida no solo tiene la función de alimentarnos, sino que tiene un peso sentimental y social.

No es necesario cambiar de tajo estas costumbres, de hecho sería imposible, pero si depende de nosotros variar la forma de compartir con nuestros seres queridos, ser originales con nuestros negocios y en nuestras relaciones.

3/01/2012

Los niños y su imagen corporal.


A veces pensamos que los niños se interesan sólo en jugar, aprender y socializar con sus amigos. Tomamos por hecho que sus preocupaciones pueden ser insignificantes, o bien transitorias, ya que finalmente “son cosas de niños”. Pues resulta que no es así. Se han documentado muchos casos de depresión en los niños, que puede estar suscitada por diferentes factores, como problemas en el hogar, falta de atención hacia su persona, una situación estresante como el cambio de residencia, la pérdida de un ser querido, baja autoestima y una imagen corporal negativa, entre otras.

Se define como imagen corporal a la manera en que uno se percibe a sí mismo. La imagen corporal es la manera como uno se ve y se imagina a sí mismo.  Tener una imagen corporal positiva significa verse a sí mismo de manera precisa, ni más ni menos y sentirse cómodo en su cuerpo y con su apariencia. Una imagen corporal negativa es cuando  la auto-percepción nos genera emociones y sentimientos negativos e, incluso, puede estar distorsionada. Una imagen corporal negativa es, en muchos casos, la base detrás de trastornos de la conducta alimentaria, como anorexia y bulimia.


Nosotros no creamos solos nuestra imagen corporal. Las personas que nos rodean y nuestra cultura tienen una fuerte influencia en nuestra imagen corporal. Todo el tiempo recibimos mensajes positivos y negativos sobre nuestro cuerpo de la familia y los amigos, y esto comienza muy temprano en nuestras vidas.
Los niños, desde tan pequeños como 5, 6 ó 7 años pueden estar preocupados por su imagen corporal y su peso. En una encuesta de KidsHealth.org de más de 1000 niños de edades entre 9 y 13 años, más de la mitad dijo estar estresado por su peso, sin importar si este era o no normal.

Es verdad que la obesidad infantil es un problema real, que tiene consecuencias muy importantes para la salud del niño, pero es también muy importante el cómo se siente el niño consigo mismo. Debemos de estar atentos a los datos que sugieren una baja autoestima y una negativa imagen corporal en nuestros niños. Como padres debemos preguntarnos ¿qué podemos hacer para ayudar a que su autoestima y su imagen corporal sean adecuadas?

Aquí algunos consejos para detectar estas inquietudes en nuestros pequeños y cómo actuar en consecuencia.

Los niños y la obesidad. Signos de una pobre imagen corporal.
Signos fáciles de detectar. El niño puede:
  • Preguntar “Estoy gordo?”
  • Estar obsesionado con su pancita cuando se ve en el espejo.
  • Dejar de comer alimentos que le gustan, sobre todo frente a sus amigos.
  • Decirle a otros amigos cosas como “eso que comes no es bueno  para ti”.
  • Comentarios como “nadie me quiere” o “a nadie le gusto”.
Signos un poco menos evidentes.
  • Ansiedad.
  • Falta de participación en actividades con otros niños.
  • Uso de palabras negativas cuando hablan de sus cuerpos.
  • Rechazo a actividades que por su naturaleza o el tipo de vestimenta usada, impliquen mostrar su cuerpo como nadar, ballet, gimnasia, la revisión con el pediatra.
  • Depresión. desinterés en actividades o pasatiempos que normalmente le gustaría realizar, somnolencia exagerada, aislamiento social.
  • Agresividad.

¿Cómo ayudar a los niños a tener una imagen corporal positiva y una mejor autoestima, sin importar el peso?
Tanto si tu hijo tiene sobrepeso o no, lo puedes ayudar a sentirse mejor consigo mismo y a implementar hábitos saludables con los siguientes consejos.
  •   Enfócate en la salud.
No permitas que el tamaño, peso o apariencia de tu hijo se conviertan en una preocupación ni para ti, ni para él. Enfócate en su salud. Cuando a los niños les hablamos de los problemas potenciales que conlleva el sobrepeso, reforzando al mismo tiempo lo valioso e importantes que son, tal y cual están, ellos entienden que su capacidad de ser amados y apreciados no tiene nada que ver con su aspecto físico. Al mismo tiempo, si nos enfocamos en su salud, ellos entienden que porque los amamos, nos interesamos en que su salud esté al cien por ciento.


Hacer al niño consciente de su salud, ayudará a que tome más responsabilidad en su autocuidado. Claro está que, esto será en relación a su etapa de desarrollo. En el caso de los más chiquitos, explicar las enfermedades crónicas que pueden venir con la obesidad, sería como querer explicarles la raíz cuadrada. Debemos encontrar el lenguaje apropiado. Por ejemplo, podemos decirle: “¡Si eres más saludable, podrás jugar mejor y más tiempo sin cansarte!”
  • Mide el éxito en los cambios de hábitos, no en los cambios de la báscula.
Vale más que un niño esté llevando a cabo cambios en sus hábitos, que ver que en la báscula cruza kilos para abajo. Debemos reconocer y aplaudir sus logros, cuando veamos en ellos un mayor deseo de ser más activos, de ver menos tele, o bien si están teniendo una mejor elección de sus alimentos y razonando por qué es más conveniente una ración de verduras que una de palomitas de maíz. 
De hecho no se recomienda que los niños se pesen a sí mismos, porque pueden obsesionarse con las cifras y desalentarse con los resultados. El pesaje debe ser llevado a cabo por el médico o nutriólogo, cuando ellos así lo indiquen.
  • Sé ejemplo.
Ya lo he dicho antes. Jala más un buen ejemplo que mil caballos. Los niños aprenden e imitan lo que ven en casa. Por un lado deja de hablar de que tan gorda o gordo eres en frente de él. Pues estás enviando un mensaje que el recibe cada vez que te autocriticas. Por otro lado sé tu misma saludable, o de qué otra manera podrás esperar que el cambie hacia una alimentación más sana o realice más actividad física si en casa eso ni se conoce.
  • Estate pendiente de los medios de comunicación.
Los medios de comunicación y la sociedad actual presionan hacia una imagen corporal estereotipada. La silueta delgada es sinónimo de belleza y éxito. No se trata de prohibir la tele o las revistas, ni de que el niño se aísle socialmente. ¡Para nada!, pero sí debemos de detectar estos mensajes negativos y explicárselos para que él entienda que el verdadero valor de una persona no reside en su físico, y que el es hermoso tal cual es.
  • Refuerza su autoestima.
Explícale que en el mundo hay personas de distintos colores y formas, unos altos, otros bajitos, unos güeros y otros prietitos, pero toda la gente tiene su propio valor y este se construye en base a las acciones de cada quien. De esta manera, no tiene por qué envidiar el pelo rubio de la compañera, o los músculos marcados del vecino. Cada quien vale y tiene su belleza propia, individual e irrepetible.

Una vida más saludable, se consigue con una mejor alimentación, mayor actividad física y una buena autoestima. No olvidemos que somos cuerpo, mente y espíritu y cada una de estas esferas de nuestra vida son igualmente importantes. 

Lograr que el niño tengo un peso corporal más idóneo y una mejor apariencia física, es sólo la mitad para conseguir que él se sienta bien consigo mismo, feliz y con buena autoestima. La otra mitad se logra recordándole lo hemoso, valioso, capaz e inteligente que es y que su felicidad no dependerá de su físico, sino de la capacidad que tenga para controlar su mente, para amarse, respetarse y cuidarse a si mismo y para luchar en la vida por sus objetivos.

1/14/2012

ES TU DECISIÓN... Mente, Emoción y Cuerpo

NUTRINTEGRA es un programa holístico, completo y funcional,  no se basa solo en dietas con menú, por un período determinado. Nos interesa un verdadero cambio en tus hábitos alimenticios, una real transformación en tu vida y la de tus hijos.
Sabemos que ya has pasado por esto: una dieta de los 13 días, la de la luna, la de la toronja, etc.  Llegas a tu peso ideal y después regrasas a donde estabas, es frustrante. La verdad es que nos engañamos pensando que cumpliendo la dieta de 13 o hasta de 30 días, todo va a cambiar, pero volvemos a nuestra antigüa forma de vida y nos damos cuenta de que no es así. Entonces piensas: nunca voy a poder cambiar, ó, mi hijo(a) ya es así; me siento triste y como igual o más de lo que ya comía y mi cuerpo y/o el cuerpo de mi hijo(a) lo resiente.

 
Es necesario hacer conciencia de lo importante que es lo que pensamos, cómo nos sentimos y cómo actuamos, para poder realmente iniciar un proceso de cambio. Si la forma en que acostumbramos a alimentar a nuestros hijos, las dietas que hacemos, lo que les decimos y cómo actuamos, no nos ha funcionado, entonces dificilmete nos darán resultado en algún momento, es tiempo ya de buscar nuevas opciones, ¿no lo crees?

En Nutrintegra sabemos que los cambios no se dan solos, tenemos que integrar una buena alimentación, apoyo emocional y sobretodo compromiso.

El ser humano es maravilloso, completo, prefecto y somos la única especie que no actua sólo por instinto. Tenemos cuerpo, además pensamos y sentimos, todo en conjunto. No podemos saparar nuestra mente de nuestras emociones y de nuestro cuerpo, por lo tanto, si una de éstas falla, lo que sigue es que otra falle. Es decir, si como alimentos pesados que no me nutren correctamente, mi cuerpo se siente cansado y sin energía, tengo poca tolerancia y probablemente me enoje, y mis pensamientos solo pueden ser negativos.

Observa esta imagen, si la mente da vueltas, la emocion se mueve y el cuerpo también, si uno de estos engranes falla los demás también fallarán. Somos seres completos.  

Te daré algunos ejemplos para que lo entiendas mejor.

Te levantas y PIENSAS: Hoy es un día perfecto, todo está en orden, te ves en el espejo y te dices algo bello, como "¡Que bien me veo!", todo lo que esperabas ese día se acomoda a tu favor, en tu casa, trabajo, con tu pareja, tu familia, tus amigos, contigo mismo, todo es maravilloso.
Haz conciencia, sí todo la mayor parte de tu día fue así: ¿Cuáles crees que fueron tus acciones? ¿Tal vez te cuidaste?  ¿Cuáles crees que fueron tus emociones? ¿Alegría, felicidad, tranquilidad?  ¿Cómo crees que estaba tu cuerpo? ¿Con energía, vital, hermoso?

Ahora, te levantas y PIENSAS: ¡Qué horror, otro día mas!; te levantas y te golpeas el dedo del pie contra la cama, te ves en el espejo y piensas "¡Qué horrible estoy!",  Nada fluye, tu actitud es pésima y por lo tanto todo te sale mal.
¿Cuáles crees que fueron tus acciones? Tal vez comiste mas de la cuenta. ¿Cuáles crees que fueron tus emociones? ¿Tristeza, decepción, enojo? ¿Cómo crees que estaba tu cuerpo? ¿Sin energía, cansado, inflamado?

Nosotros creamos nuestra realidad, de tí depende lo que quieres lograr, es importante que sepas que no todo lo que vives es así, porque así tenía que ser, así ha sido siempre y así será. Nosotros como humanos tenemos la capacidad de reinventarnos, gracias a nuestros pensamientos.

Depende de tus pensamientos y tu actitud ante la vida con todo y sus adversidades, como quieres estar. Lo importante es que ahora sabes  que es TU DECISIÓN.